La Murcia que se nos fue

Historias e incidentes durante Semana Santa

Alberto Castillo nos relata las situaciones históricas de la Semana Santa de Murcia

08.03.2016 | 16:43
Alberto Castillo

DOMINGO DE RAMOS CON PROBLEMAS
Estamos en 1784. El domingo de Ramos salía, en solemne rosario, la imagen de Nuestra Señora de las Angustias de Salzillo que hacía su entrada en la Catedral de Murcia para rezar, en su interior, los misterios dolorosos. Pero aquel cuatro de abril el rosario terminó mal, como leemos en las actas capitulares.

«Salió la procesión de san Bartolomé y detrás fue una compañía de negros. Entrando en Santa María con dicho rosario y con los sombreros puestos negándose a descubrirse. Le supo mal esto al Cabildo Catedral que se quejó al Corregidor, don Joaquín de Pareja y Obregón, quien a otro día mandó pregonar que no se consintiese en ninguna procesión presencia de comparsas de negros. Ya que los dichos negros son gentes muy indignas y algunos borrachos.

El Jueves Santo, salió la procesión de los torcedores, sin convocatoria, sin negros habiéndoselo agenciado ellos mismos siendo su veedor don Antonio Lax. Fue en ese día cuando los tejedores de la seda sacaron la imagen nueva de Los Dolores hecha por don Roque Lópezen 28 pesos. En otros días salieron sin comparsas de negro, por haberlo prohibido el señor Corregidor, las del miércoles y las dos del viernes».


SE PROHÍBEN LAS PROCESIONES DE NOCHE
La Semana Santa de 1777 se vio privada de penitencias públicas, penitentes por las calles y Cofradías y Hermandades obligadas a hacer sus procesiones durante el día. A lo que parece, y se desprende de las actas capitulares, aprovechando la noche y sobre todo el anonimato que ofrecían las túnicas penitenciales se cometían desmanes y el Rey, Carlos III, dispuso que, en todos sus reinos, se prohibieran estas penitencias. «Se publica en la ciudad de Murcia un bando real no permitiendo penitencias públicas en las procesiones y prohibiendo además que estas salgan por la noche.

Este bando se publicó en toda España para que las procesiones de Semana Santa salieran de día y se recogiesen lo mismo, así como que no hubiese penitente alguno. En Cartagena y en San Andrés de Murciano las hubo. En San Ginés, las pensaron hacer, ya que era el primer año, pero al final no las hicieron porque querían sacarlas de noche pese al bando del Rey don Carlos, pero el Señor Corregidor de Murcia no les dejó».


Pánico en la procesión de Lunes Santo

  • En el año 1912, lunes santo, se rozó la tragedia en Murcia cuando la Cofradía del Santísimo Cristo del Perdón discurría por las calles de la ciudad.

    Un chispazo eléctrico en un cable produjo una huida masiva de los espectadores que, atropelladamente, abandonaron las calles del recorrido en una estampida terrible que pudo tener graves consecuencias.

    Afortunadamente solo hubo heridos, contusionados y pérdidas de ropas y enseres de todos aquellos que presenciaban el paso del cortejo procesional. Parece ser que fue un día espléndido y que había en la calle miles de personas presenciando el cortejo de los de San Antolín, pero el incidente con el cable originó escenas de pánico y, lógicamente, deslució el discurrir de la procesión.

    Es el diario El Liberal el que da cuenta de lo sucedido en su edición del martes dos de abril, martes santo. La noticia se expresa en estos términos: «Ayer salió del templo parroquial de San Antolín la procesión del Cristo del Perdón. Cuando la procesión iba por la calle de la Lencería se promovió una gran alarma, originándose sustos y carreras. Un cable de luz eléctrica se fundió produciendo enormes chispas y truenos. El público al producirse las explosiones empezó a huir sin darse cuenta de lo que ocurría atropellando en la carrera a mujeres y niños. Especialmente en la plaza de Santa Catalina la alarma fue grandísima. Los millares de personas allí congregadas emprendieron veloz carrera por las calles que a la plaza desembocan, atropellando a los que ocupaban las sillas allí instaladas. Muchas personas perdieron, en la huida, varias prendas de vestir produciéndose a la vez sustos y desmayos y muchos atropellos que produjeron numerosos heridos. Renacida la calma, tiempo después, continuó la procesión entrando en San Antolín pasadas las diez de la noche. La procesión había salido bien ordenada y compuesta un día de sol y viento. Las calles del tránsito estaban abarrotadas de público que salió para contemplar el cortejo. La representación del Ayuntamiento significó, por lo numerosa, una rectificación a la ausencia que habían tenido en la representación de la procesión del domingo de Ramos cuando no acudieron al cortejo procesional».

INCIDENTES EN LA CATEDRAL CON LA COFRADÍA DE LA SANGRE
En el año 1795 ocurrió un grave altercado entre el Cabildo Catedral y la Cofradía de la Sangre, cuando la procesión iba a entrar en Santa María. Fue el día uno de abril y las actas capitulares dan cuenta de ello: «La Cofradía de la Sangre, que entró en Santa María y habiendo advertido a los nazarenos de delante que no tocasen las campanas y clarines dentro de la iglesia por estar celebrándose los oficios, pero, como gente mora, no hicieron caso y tocaron algunos de los otros nazarenos campanas y clarines; salió el Deán, que era Don Ignacio Otañes, y alborotó toda la iglesia dando gritos cuando entraba el paso de la Sangre.

Se produjo una fuerte disputa entre el Deán y los Mayordomos que suplicaban dejase terminar de entrar al paso porque no era honesto quedarse fuera, pero el Deán se empeñó en que no entrase y que los tambores y bocinas no tocasen, pero finalmente, pasó la procesión después de momentos de gran tensión. Al salir de Santa María empezó a llover y se decidió regresar por la carrera del Corpus muy precipitadamente con lo cual no se lució por las calles».

LA COFRADIA DE JESÚS Y EL PASO DE LA CENA
En el año 1761, Francisco Salzillo, entrega a la Cofradía de Jesús su obra de La Cena que sustituía a otra denominada La Mesa de los Apóstoles realizada por su padre, Nicolás, y que la Cofradía poseía desde 1700. Pero una vez entregado el paso a la Cofradía se dieron cuenta que las dimensiones del mismo impedían su entrada a la Catedral como era preceptivo.

En marzo de aquel año, según recogen las actas Capitulares, la Cofradía se dirige al Cabildo Catedralicio para solicitar lo siguiente: «En la sala capitular se leyó memorial de la Cofradía de Nuestro Padre Jesús Nazareno de esta ciudad, pidiendo a este Cabildo, que dé permiso para que el paso nuevo de La Cena, que se ha construido este año, que por su magnitud entra con dificultad y peligro por la puerta acostumbrada de la procesión de Viernes Santo, pueda pasar solamente por la mayor llamada de ´Los Perdones´, en atención a la obligación que todas las procesiones de Semana Santa tienen de pasar por dentro de esta Santa Iglesia Catedral. El Cabildo abrirá la puerta solo a este paso, sin que sirva de ejemplo a otros que deberán seguir entrando por la puerta acostumbrada».


EJERCICIO DE LA AGONÍA DE CRISTO
«Establécese en la ermita de San Ginés de la ciudad de Murcia con la autorización y bendiciones de nuestro Reverendísimo Señor Obispo de la Diócesis de Cartagena, el ejercicio de la agonía o de las tres horas que Nuestro Señor Jesucristo estuvo en la cruz. Se celebrará por primera vez este Viernes Santo de doce a tres de la tarde horas en las que nuestro Señor permaneció agonizante en la Cruz antes de entregar su alma al Padre». Estamos en el año 1762 y la concesión para celebrar el ´Ejercicio de la Agonía´ se otorgó en el mes de marzo de aquel año. La ermita de San Ginés, en la ciudad de Murcia, se levantaba en la plaza que, en la actualidad, conserva ese nombre en el barrio de san Antolín.


LA COFRADÍA DE LA SANGRE SALIÓ VIERNES SANTO
La Semana Santa de 1789, tras una pertinaz sequía, pasó a la historia de la ciudad por las fuertes lluvias caídas sobre Murcia especialmente miércoles y Jueves Santo.

Las actas capitulares dan cuenta de aquel suceso: «A las cuatro y media de la tarde saliendo del Carmen la procesión de la Sangre de Cristo se puso el cielo por el Norte muy negro y, entrada dicha procesión en Santa María, cayó un agua de tan fuerte que duró hasta el toque de oraciones quedando los pasos en la Iglesia Catedral, metidos en la Capilla del Señor Marqués. A otro día, Jueves Santo, amaneció chispeando y a las siete y media de la mañana empezó un fuerte temporal que duró hasta las once del día, regándose bien la tierra ya que los sementeros estaban medio secos y, si tarda ocho días más en llover, se hubieran perdido todos.

El Viernes Santo por la mañana la de Jesús desfiló por Agustinas, calle de San Nicolás, San Pedro, Catedral y demás calles acostumbradas y, acabada esta, salió la Convocatoria de la Sangre que se retiró a las doce de mediodía. Por la tarde dentro de Santa María se formó la de la Sangre yendo antes la Convocatoria por la Comunidad del Carmen, pasando por la Trapería y calles acostumbradas hasta el Carmen. Y para sacar dicha procesión necesitaron nuevas licencias, ya que solo las tenían para Miércoles Santo, dando a los clérigos y justicias de esta ciudad nuevamente la cera acostumbrada para que le otorgaran el permiso de procesión. La fuente y todo el monte de la Sangre tuvo que hacer nuevo y costó a la Cofradía mil cuatrocientos reales».

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