Los conductores que circulen con un vehículo que tenga instalado un mecanismo ilegal de detección de radares de velocidad, los conocidos como anti-radares, serán castigados con 6.000 euros, la máxima multa que puede recibir un conductor. La sanción se contempla en el proyecto de ley para la reforma del procedimiento sancionador en materia de seguridad vial, aprobado la semana pasada en el Consejo de Ministros.
La reforma revisa todo el cuadro de sanciones, entre ellas la que castiga a los conductores que "se valen" de los anti-radares "para burlar" los controles de velocidad, una práctica que actualmente conlleva una multa de 150 euros y la pérdida de 2 puntos del carné.
Los juristas encargados de la elaboración del proyecto sostienen que esta sanción es especialmente grave porque quien coloca un anti-radar en su vehículo "tiene voluntad de infringir continuamente". "Nadie lo monta para que no le cojan una vez, sino para ir constantemente infringiendo", apuntan los especialistas, que entienden que esta infracción se debe castigar "lo máximo posible".
Cuando entre en vigor la reforma, llevar instalado un anti-radar se considerará una infracción muy grave y se multará con 6.000 euros, tres meses de suspensión del permiso de conducir y la pérdida de 6 puntos.
Pero el conductor no será el único que será sancionado porque "no es el único que infringe la ley", también lo hace quien instala esos dispositivo. Por ello, la reforma incorpora una nueva infracción, con la que se sanciona a los talleres y establecimientos de recambios que lo hacen, que serán multados con entre 3.000 y 30.000 euros.
La DGT está a favor de que los conductores lleven en el coche un navegador con la localización de los radares fijos, es decir un lector de radares, pero está en contra de los detectores o inhibidores, que están expresamente prohibidos, porque su objetivo es saltarse los controles de velocidad.
Los detectores pueden captar la señal que emite el radar de los agentes de tráfico, tanto fijo como móvil, y avisar con un pitido de la proximidad de un radar activo. Los inhibidores, conocidos como 'jammer', destruyen las frecuencias que emiten los radares para que no realicen la medición.