ANA LUCAS
Afirma Luis Antonio de Villena que lo que ayer contó al respetable que fue a escucharle en Cieza -dentro de la charla que dio enmarcada en la Feria Regional del Libro- fue "un retrato profesional y vital a la vez" de su persona. El escritor habló con LA OPINIÓN horas antes de la conferencia que impartió en el citado municipio y detalló fragmentos de su "biografía literaria". ¿Es esto un balance?
Bueno, una cosa así. Es para que el lector sepa un poco por qué he escrito una cosa y por qué no he escrito otras. No es tanto un balance como una aclaración del camino. En mi caso, he escrito muchas cosas en muchos terrenos. El de la poesía quizás esté en primer lugar.
Eso he leído. Que usted, ante todo, se considera poeta.
Sí, me considero poeta y me gusta que me consideren así. Por otro lado, esto responde a una etiqueta. La vida literaria española es muy dada a poner etiquetas. Parece que es irremediable. Si se hace una lista de novelistas, yo no apareceré jamás, y he escrito ocho o nueve novelas. A Álvaro Pombo le pasa al revés. Me han puesto la etiqueta de poeta, y a mucha honra, porque creo que la poesía es el germen de la literatura, aunque las simplificaciones no son buenas. Bueno, evidentemente uno las acepta, porque no hay más remedio.
Y anda que no hay poetas...
Poetas hay muchos, pero pocos buenos. La poesía es el género más fácil de hacer, pero el más difícil de hacer bien. Una persona que durante treinta días escribe cada noche sus angustias, en un mes ya tiene un libro. Obviamente, será un libro muy malo, porque son llantinas del corazón. Sin embargo, un novelista, aunque sea muy malo, tiene que rellenar 250 páginas. Una novela cuesta mucho trabajo hacerla. Un libro de poesía mala se hace en treinta días.
¿Y eso es poesía de verdad?
A mí antes, cuando era malo, porque ahora soy más bueno, me dejaban libros con frases como: "Anoche yo sufrí desesperadamente, monstruos convulsos rondaban mi cama". Yo los llamo poemas de mala noche. En lugar de escribir poesía, esta gente tendría que tomarse una aspirina. En España, por ejemplo, un premio de poesía no significa nada. Significa que la editorial edita el libro. Estaría bien que al poeta que empieza le pusieran más dificultades. Si a un concurso de poesía se presentan cien títulos, a uno de novela se presentan doce. No obstante, hacer un libro de poesía bueno es más difícil que hacer una buena novela. Un mal libro de poesía lo hace hasta una portera, con todos mis respetos. Lo hace cualquiera.
¿Y usted que hace ahora? ¿Poesía o novela?
Tengo varias cosas. Publiqué un libro de poesía, 'La prosa del mundo', en enero. Y me pasó una cosa que no me había pasado nunca: el libro se publicó, pero a mí me apetecía seguir escribiendo poesía, y lo que salió fue una continuación. Se va a publicar en enero una segunda edición del libro, pero con cuarenta poemas más. También estoy preparando cosas de ensayo. Soy un poco hormiguita, pero porque me gusta lo que hago.
¿Escritor vocacional?
Yo tenía muy clara mi vocación, para bien o para mal. Yo tenía muy claro desde pequeño que quería ser escritor. Podía haber sido profesor, en mi casa querían que fuese diplomático... Y tuve suerte: a los 18 años ya me ofrecieron publicar. Pero el escritor termina siendo un 'free-lance'. No tiene nada asegurado, está un poco jugándose el tipo cada día. Cuando eres un poco más mayor te preguntas por qué has seguido este camino. Por qué no habré sido profesor universitario... Ahora, con 56 años, cuando me preguntan qué tengo... tengo muchas cosas, pero en todas estoy un poco de ocasión.