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ÁNGELA MORENO En plena semana de Carnaval, José Juan Luque ya tiene que tener claro que su disfraz será el de 'malo de la película', porque, al igual que le ocurrió al malagueño al fallar un penalti ante el Girona, ayer tuvo en sus botas y en el último suspiro (91') el gol de la victoria, pero de nuevo el destino no estuvo de lado del centrocampista.
La historia tiene memoria o eso debe pensar el que fuera uno de los grandes ídolos del extinto Ciudad de Murcia, donde nadie le quitará el honor de ser el máximo goleador de la corta historia de los rojillos. Ahora en el Murcia no encuentra esos goles que tanto festejó con otra camiseta y se tiene que conformar con lamentarse después de dejarse la rodilla en una ocasión que pudo significar la victoria.
Eso ocurrió en el último suspiro, pero lo cierto es que el Real Murcia se ha malacostumbrado a sufrir incluso ofreciendo mejor cara que en otros encuentros.
Los granas, pese al empate, demostraron que les late el corazón, que están vivos y que van a vender muy caro el descenso. Después de un período de gestación muy largo, el Real Murcia empieza a dar muestras de mejoría. Ayer funcionó en defensa, estuvo acertado por bandas, donde el único pero fue De Coz; sus interiores dieron una de cal y otra de arena, y en ataque Natalio y, sobre todo, Chando tuvieron ocasiones de todos los colores.
Pero siguen pecando en dos aspectos claves. Por un lado, el de la creatividad en el centro del campo, donde Mejía y Bruno se miran uno a otro y, como desojando una margarita, 'discuten' para ver como se pueden quitar el marrón de abrir el juego hacia arriba. Y mientras, Mario Rosas, que no sabemos si habrá mejorado ya su estado de forma, sigue el devenir del partido desde el banquillo. Y por otro, el de la pegada, porque este equipo necesita llegar cien veces al área para alcanzar una vez la gloria.
Esto último fue lo que diferenció ayer a los de José González de una Real que decepcionó, que saltó al terreno de juego ataviada de un corsé, pero que sólo necesitó una llegada para batir a Elía, quien en más de una ocasión puso a la afición de los nervios por su manera de salir a los balones por alto.
El Murcia salió a por el partido, tuvo el control desde el principio a fin, mostró un desparpajo que anteriormente no se había visto y, sobre todo, le puso alma a sus acciones.
Capdevila, que mejoró con el pase de los minutos, daba la alternativa a un Sergio Escudero que nunca se escondió a la hora de subir al ataque, mientras que por la otra banda Isaac, con el apoyo nulo de De Coz, aprovechó los problemas físicos de Mikel González para doblarle una y otra vez.
Los centros se paseaban por el área, pero el gol no llegaba unas veces por falta de rematador y otras por desacierto de Natalio y Chando, quienes pudieron abrir el marcador en los minutos 30 y 32, respectivamente.
Todo se animó en la segunda parte. Donde se pasó de cantar el '¡uy!' tras una ocasión fallada por Chando a pase de Capdevila (51') a ver como Bueno aprovechaba un centro desde la derecha y el despiste de la defensa grana para poner el 0-1 (51').
Con todo en contra y con los fantasmas del descenso una vez más paseándose a su antojo por Nueva Condomina, el Real Murcia no se vino abajo y, cinco minutos después, se reencontraría con la suerte en una falta botada por Bruno y que, tras tocar en Labaka y despistar a Bravo, se coló en la portería visitante. Hasta para conseguir el gol del empate los granas necesitaron la ayuda de un jugador rival.
Quedaba mucho para repetir la hazaña de hace una semana ante el Nástic, pero esta vez el Murcia volvió a pecar de falta de gol. Capdevila, Isaac, Luque y Bruno tuvieron su momento de gloria, pero ninguno fue capaz de marcar un gol que les hubiese permitido convertirse en los héroes de todas las portadas de hoy.
La zona de salvación deberá esperar una semana más.
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