11 de enero de 2018
11.01.2018
Espacio abierto

Ratonas de biblioteca

"Tras su fundación en 1712 nuestra Biblioteca Nacional sólo ha tenido directoras desde el año 1991 al 1994 y desde 2004 hasta la fecha, es decir, sólo durante quince años en sus trescientos de existencia"

11.01.2018 | 16:59

El estereotipo predominante de la bibliotecaria ha estado tan arraigado en los medios que durante este último medio siglo ha cambiado muy poco. Si repasamos la historia del cine, encontramos ejemplos de películas donde aparece este tipo de mujer de unos 40 o 50 años, que lleva el pelo recogido en un moño, y un vestido de corte conservador con cuello alto. En Historias de Filadelfia (Mankiewicz, 1940), protagonizada por Cary Grant, Katherine Hepburn y James Stewart, la bibliotecaria interpretada por Hilda Plowright representa a este tipo de mujer. En Ciudadano Kane (1941), aparece como bibliotecaria la señorita Anderson (interpretada por Georgia Backus), un personaje formidable que preside una sala cavernosa. Tiene entre 30 y 40 años, el pelo corto peinado hacia atrás, y viste un austero traje negro, una corbata y gafas. Es soltera y desdeñosa. Imágenes similares se repiten en The Big Sleep (1946), Qué bello es vivir (1946), Good News (1947), Desk Set (1957), entre otras. Algo han cambiado las cosas en el cine posterior al año 2000, pero esta imagen repetida de la mujer bibliotecaria nos hace preguntarnos sobre ella y analizar un poco más a fondo qué ha supuesto la presencia de mujeres en el ámbito bibliotecario, al margen de este estereotipo tan conservador y antipático.

Aunque en el mundo anglosajón las primeras bibliotecarias aparecen en la segunda mitad del siglo XIX, en el área mediterránea hubo que esperar hasta las primeras décadas del siglo XX para ver mujeres trabajando en bibliotecas. En España, Ángela García Rives fue en 1913 la primera mujer que aprobó una oposición del cuerpo facultativo de Archiveros, Bibliotecarios y Arqueólogos. Otro ejemplo destacado es el de María Moliner que, durante la Segunda República, trabajó en las Misiones Pedagógicas y fue una de las responsables de la puesta en marcha de las bibliotecas populares.

Una interesante iniciativa fueron las Bibliotecas de Mujeres que surgieron a finales del siglo XIX vinculadas al movimiento sufragista, cuando en EE UU y algunos países europeos se estaba reivindicando el derecho al voto femenino y se constituían distintos colectivos para dicho fin.
En España, en 1909 se crea en Barcelona la primera biblioteca de mujeres de Europa. Quería constituirse como un espacio para la promoción educativa y cultural de la mujer trabajadora. A esta biblioteca se la denominó Biblioteca Popular de la Mujer y, desde la democracia, pasó a llamarse ´Francesca Bonnemaison´, el nombre de la mujer que llevó a cabo esta iniciativa. Ejemplos similares existen en el resto de Europa como en Londres The Fawcett Library y la Bibliothéque Marguerite Durand de París.

En Madrid se fundó la Biblioteca de Mujeres en 1985 por la bibliotecaria Marisa Mediavilla Herreros, con la ayuda de la filóloga Dolores Robles Moreno. Se constituyeron en asociación y consiguieron recopilar 30.000 títulos.

A partir de los años noventa la evolución de las bibliotecas ha sido imparable y sujeta a continuos cambios y actualizaciones, así como al influjo de las nuevas tecnologías. Lo cierto es que la profesión se ha feminizado, a pesar de lo cual los puestos de mayor responsabilidad siguen en manos de los hombres. Muestra de ello es nuestra Biblioteca Nacional que desde su fundación en 1712 sólo ha tenido directoras desde el año 1991 al 1994 y desde 2004 hasta la fecha, es decir, sólo durante quince años en sus trescientos de existencia.

La situación en nuestra región no es más alentadora en cuanto al peso de las mujeres bibliotecarias dentro de la institución. Encontramos una situación bastante homogénea en las Bibliotecas Municipales, Regional y Universitaria, siendo los hombres los que ocupan los puestos de alta responsabilidad y las mujeres las que están en puestos técnicos de mando intermedio que suponen una carga importante de trabajo con un considerable menor sueldo y menor visibilidad social.

Es necesario reivindicar a este colectivo silencioso, pero tan presente, en el desarrollo y gestión de nuestras bibliotecas. La American Library Association (ALA) lleva a cabo una iniciativa interesante denominada «Las mujeres en la historia de las bibliotecas». Es una convocatoria pública para recuperar la historia de mujeres que han hecho una contribución importante y duradera a la biblioteconomía o a la biblioteca del barrio o de la ciudad, sean o no sean bibliotecarias. Las historias enviadas son publicadas (una cada día) durante el mes de marzo en la página de Women of Library History y si reciben suficientes como para alargar la iniciativa la extienden al resto del año. Para el Grupo de Trabajo Feminista de la ALA se trata de «subrayar legados que hoy podemos seguir disfrutando, y compartir con los usuarios una parte de la historia de las bibliotecas».
Reivindiquemos a estas ratonas de biblioteca que nos guían y acompañan en nuestras lecturas y necesidades informativas, porque ellas, desde hace mucho, están ahí.

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