Pensando en voz alta

Todo sigue igual

11.01.2018 | 18:50
Todo sigue igual

Entro en este 2018 con mal sabor de boca por no entender casi nada de lo que ha ocurrido hasta hoy. Mi sentimiento de haber dejado atrás un ´año de la marmota´ es patente. Bien es cierto que no soy ejemplo ni modelo de nada ni de nadie. Todo sigue igual de mal en el suelo patrio, siguen aupados en el machito los mismos ignorantes -arrimando cada uno sus sardinas al ascua correspondiente- vociferando no sé que cosas, pero ´la casa sin barrer´. Hay en mí un hartazgo cada vez mayor al ver como transcurren los días y siguen en sus lugares ´firmes´ la misma tropa diciendo y haciendo las mismas tropelías. A todo esto, el Mar Menor sigue igual de mal o peor.

Pues bien, como no quiero iniciar el año amargado ni quiero amargar a nadie...voy a repasar una serie de asuntos, y que cada cual los clasifique según su parecer. Comienzo por una moda, nacida no ha mucho, consistente en algo así como «estar en el banquillo», ser el suplente para alguien que coquetea constantemente en la red sin llegar a nada concreto. Podríamos decir que es una nueva técnica ´amorosa´ radicada en mantener una conversación/coqueteo constante con alguien en la red, pero sin llegar a concretar una cita, ni nada de nada. Es decir, mantener a esa persona a la espera, ilusionada, mientras se ven otras opciones. Llegado a este punto, me doy cuenta que eso y no otra cosa es lo que hacen los grandes partidos con nosotros los ciudadanos.

Muchas veces pienso en cómo serían las páginas de un libro dedicado a la política española, sus políticos, sus actos y sus obras? lo más parecido que me sale es semejante a estos dos libros: Everything politicians know about how to run an economy (Todo lo que los políticos saben sobre conducir una economía) o más recientemente Why Trump deserves trust, respect and admiration (Por qué Trump merece confianza, respeto y admiración). Los dos tienen en común que están, enteramente, compuestos por páginas en blanco.

A lo largo del tiempo el comportamiento del español, como individuo, ha variado bastante poco; en cuanto menos te lo espera te la clavan, por ejemplo: Quevedo y Góngora se propinaron continuos insultos a través de la poesía. Góngora no soportaba que un escritor más joven que él pudiera hacerle sombra. Por su parte, Quevedo humilló a un Góngora arruinado comprando su casa y obligándole a desalojarla.

Hay elementos mendigando migajas de poder que con sus actitudes llevan al desastre cuestiones que gente con más criterio son capaces de realizar sin problemas. Esto es muy parecido a lo que le ocurrió a William Burroughs, este novelista mató a su esposa durante el transcurso de un absurdo juego a lo Guillermo Tell. El escritor, completamente ebrio, puso una manzana sobre la cabeza de su mujer, pero su puntería falló y no fue a la manzana lo que alcanzó su disparo; lo arrestaron, pero al poco tiempo fue liberado y continuó su carrera literaria.

Para terminar, señalar que en la actualidad nada es lo que parece. Todo el mundo dice que ha dicho algo que nunca dijo, amén de que el postureo más parece revestir ropajes que nunca se llevaron. Esto lo sufrió mucho Conan Doyle: la famosa cita «Elemental, mi querido Watson» con la que supuestamente el detective se dirigía a su amigo, el cronista, no aparece en ninguna de las novelas escritas por Doyle. Aunque hemos de mencionar que dicha expresión sí aparece por separado en distintos párrafos de algunas de las muchas traducciones que se hicieron de su obra. Estas traducciones, interpretaciones teatrales y adaptaciones cinematográficas crearon la cita tal como hoy la conocemos.

Y, ya que la cosa va de detectives, hemos indagado un poco más y ahora ya sabemos que el sombrero de cazador que el Doctor Holmes supuestamente llevaba tampoco se menciona en la obra de Doyle. Fue el ilustrador de la época victoriana Sidney Paget quien lo añadió en sus dibujos durante los años que trabajó en la revista The Strand, donde se publicaban Las aventuras de Sherlock Holmes.

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