La balanza inmóbil

Ni Jesucristo ni Don Juan

A uno le hace sonreír y llega hasta el cabreo cuando no sé si piensa el desorientado que somos más tontos que ponerse la gorra al revés

05.01.2018 | 04:00
Joaquín Ángel de Domingo

Mañana llegan los Reyes Magos de Oriente. Y dentro de poco a mitad de este mes del recién estrenado año 2016 (?), quiere llegar no de Oriente sino de centro Europa, con más frío que un iceberg y más morro que only you, un mago también del alambre, que se cree presidente a pesar de estar cesado, de una república desorientada e inexistente. Uno, que no vería mal una república para todo el Estado español, en su momento y por supuesto dentro de la ley, le extraña, le hace sonreír y llega hasta el cabreo cuando no sé si piensa el desorientado que estamos todos idos o que somos más tontos que ponerse la gorra al revés.

No señor Puigdemont, ni es presidente, ni Cataluña es independiente, ni existe una tercera república ni tampoco está usted exiliado en Estoril, porque no es hijo de Rey ni en España hay una dictadura. Es simplemente un huido de la justicia, con una presunción de inocencia que le ampara esa Constitución que usted no reconoce para lo que no le interesa, de múltiples delitos: rebelión, sedición, malversación, prevaricación, desobediencia€ A lo mejor se cree que es como Jesucristo que en su proceso donde el derecho de gentes brilló por su ausencia, tras ser llevado de un lugar a otro de suegro a yerno, pasando por el Sanedrín, terminaron condenándolo a morir en una cruz, probablemente inmissa, por ser reo de un delito de sedición, tras lavarse cobardemente las manos un tal Pilato. No es usted el salvador de la humanidad ni siquiera de los territorios que van desde Girona a Castellón de la Plana. Al contrario, es tal vez la ruina social y económica de un pueblo que ha preferido la ley a la independencia ilegal por mucho que los pactos entre partidos puedan hacer pensar lo contrario. Y tampoco es don Juan, que para eso tenía que tener sangre azul, ser desterrado ilegalmente, montar un gabinete de sucesión y ser el heredero de una Corona borbónica. Entonces sí le permitiría a usted volver a España y ser jefe de Cataluña, a no ser claro que quiera renunciar a favor de su hijo por patriotismo, pero eso es otra magia.

Por eso cuando veo que sus segundos están en la cárcel mientras el autodenominado aún president de una república inexistente se pasea, toma café, ve partidos de fútbol en la tele y hasta da mítines en Bruselas, eso sí, con una cara de frío que por nadie pase, vuelvo a creer en los Reyes Magos. Y sobre todo cuando encima emite un discurso institucional (manda oeuf) de fin de año a los catalanes vía Twitter, para decir que va a gobernar desde el exilio. Será un president de la Generalitat internauta, porque si viene a España lo suyo es que tal como pise nuestro territorio, y si viaja con Iberia en el mismo avión, será detenido y quizás esposado y pisará suelo de una prisión monárquica, tan española como catalana. Así que lo tiene claro o se queda toda su vida fuera de su república y la gobierna a través de comunicaciones telemáticas o desde una cárcel. Lo único cierto es que si no toma posesión como presidente en el supuesto que sea elegido no caben elucubraciones. Por lo que sí o sí tiene que venir a su república, y aunque sea con permiso carcelario judicial, tomar posesión como dijo en un principio y ahora no lo tiene tan claro, a pesar que se lo reclaman sus aliados y hasta el mismísimo jefe de los vascos, el lehendakari Urkullu, que le ha dicho que para dirigir un país hay que estar presente, pues no cabe mandar vía internet o telemáticamente.

Ni Jesucristo ni don Juan, solo un prófugo.

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