Retiro lo escrito

La libertad en internet ha muerto

17.11.2017 | 04:00
Eduardo Lagar

La verdad sobre la posverdad está en Los Simpson. La familia amarilla creada por Matt Groening acaba de comparar a Kellyane Conaway, asesora de la Casa Blanca de Trump, con el ministro de propaganda nazi Joseph Goebbels. Conaway fue la creadora del concepto ´hechos alternativos´ para referirse a las mentiras de la administración Trump. Los Simpson nos avisan de que vivimos en una nueva era para la propaganda en la que la verdad está recibiendo peligrosos envoltorios nunca vistos gracias, sobre todo, al impacto de las redes sociales.

El último informe de Freedom House (FH), una organización internacional que mide la temperatura de los derechos políticos y libertades civiles en todo el planeta, constata que la intervención de los Gobiernos en la red para distorsionar la información se está multiplicando. Desde junio de 2016 a mayo de este año, un total de treinta Gobiernos llevaron a cabo alguna forma de manipulación sobre la información online. El año anterior, Freedom House había constatado 23 acciones de este tipo. Contra el deseo adánico que retrata a internet como la nueva tierra de la libertad, la igualdad y la transparencia, un nuevo horizonte democrático nunca visto, se alza la realidad del poder arrollador de multinacionales como Google o Facebook que, gracias a los algoritmos, comercian con los datos personales que voluntariamente les entrega el usuario para endosarle productos y noticias personalizados, encapsulándolo así en una burbuja donde no cabe la crítica.

Los Estados también se han sumado al potencial manipulador de una red que puede conectar íntimamente a cada miembro del enjambre de conectados. Freedom House constata que las técnicas de manipulación a través de las redes sociales desempeñaron un papel importante en las elecciones de 18 países, incluido Estados Unidos. «Esto ha dañado la capacidad de los ciudadanos de elegir a los líderes sobre la base de noticias objetivas y debates auténticos», incide el informe anual de esta organización.

Cataluña ha sido uno de los campos de batalla más recientes de la nueva batalla propagandística global, donde el Gobierno de España ha denunciado la injerencia rusa para generar un abrumador respaldo en las redes a favor de las tesis independentistas y desestabilizar así al Estado español. Lo mismo hizo la primer ministro británica Theresa May al acusar al Kremlin de contaminar la campaña electoral que finalmente condujo a una decisión favorable al Brexit, la salida del reino Unido de la UE. El diario El Español publicaba que el Gobierno de Rajoy sospecha que Puigdemont pagó a Julian Assange, el promotor de Wikileaks, para que apoyase las tesis soberanistas en las redes sociales. Los tuits que este activista publicó a favor del soberanismo catalán lograron 66 retuis por segundo, algo que sólo puede conseguirse con la utilización de una red de perfiles falsos y robotizados (bots) localizados en Rusia.

Un estudio del think tank Atlantic Council recogido por el diario El País indicaba, tras el estudio de cinco millones de mensajes en Twitter en los días que antecedieron y siguieron al referendum independentista del 1-O que el 78,2% de estos posicionamientos defendían la secesión y calificaban de represor al Estado español por alentar la brutalidad policial. «Los comentaristas pagados, trolls, bots, sitios de noticias falsas y medios de propaganda fueron algunas de las técnicas utilizadas por los líderes para inflar su apoyo popular y esencialmente avalarse ellos mismos», dice el informe de Freedom House. El presidente de esta entidad, Michael J. Abramowitz, subraya que los primeros en utilizar estas técnicas fueron China y Rusia, «pero ahora se ha vuelto global». Y añade: «Los efectos de estas técnicas de difusión rápida sobre la democracia y el activismo cívico son potencialmente devastadores».

Freedom House insiste en los peligros de este nuevo tipo de propaganda masiva y global que los Gobiernos utilizan para romper la disidencia. «No sólo es difícil detectar esta manipulación, sino que es más difícil de combatir que otros tipos de censura, como el bloqueo de sitios web, porque está dispersa y debido a la gran cantidad de personas y bots desplegados para hacerlo», dice la directora del estudio, Sanja Kelly.
Al menos a Goebbels se le veía venir.

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