La Hojarasca

Sucesiones

14.11.2017 | 04:00

¿Qué tiene el impuesto sobre sucesiones y donaciones que lo hace tan polémico? La mala fama se suele achacar a su carácter de doble imposición (uno paga por bienes por los que sus padres ya tributaron). Este extremo, no obstante, resulta discutible. Por un lado, una vez que se instaura un impuesto sobre la renta, todo otro impuesto resulta una doble imposición, pues se grava una actividad económica realizada con un dinero que ya ha tributado. Por otro lado, se puede argüir que el controvertido impuesto grava una transferencia de riqueza muy concreta. Son estos argumentos que hacen del impuesto materia de controversia. Sin embargo, subyace al debate un punto de mayor calado ideológico.

La herencia constituye una institución perversa para la izquierda más obstinadamente igualitarista. Aunque en un país se impusiera una absoluta igualdad salarial, hallaríamos una gran diversidad de patrimonio en solo unos años, pues hay personas más ahorradoras y personas más dadivosas en el gasto. Esa diferencia, claro, se refleja de manera inmediata en lo que unos y otros pueden legar a sus hijos. Suecia fue un ejemplo. La igualdad salarial no podrá nunca igualar la capacidad de sacrificio y ahorro de los individuos. La defensa del impuesto sobre las sucesiones denota un interés en hacer tabla rasa de los ahorros.

En un artículo aparecido en El País hace ya unos años, el filósofo Félix Ovejero afirmaba que «la desigualdad de acceso a las oportunidades vitales, no relacionada con decisiones de los individuos, es lo que parecen querer consagrar los críticos del impuesto de sucesiones: el linaje del tener».

Sin embargo, no son linajes del tener lo que los críticos del impuesto pretendemos perpetuar. De hecho, las sociedades respetuosas con los derechos de propiedad (lo que implica impuestos que no rocen lo confiscatorio) se conforman como sociedades prósperas, de elevada movilidad social. Además, pocos incentivos para esforzarse hay como el de ahorrar y poder legar un pequeño patrimonio a los hijos. La herencia no es un peligro, como defiende la izquierda más montaraz: es un inigualable motor de creación de riqueza.

Nuestro Gobierno regional se ha comprometido a eliminar el impuesto de sucesiones el próximo año. Una consecuencia inmediata es que la vecina Andalucía ha puesto su barba a remojar y ha llegado a pedir a Montoro que lo imponga a nivel nacional. Cuando se desata la competencia fiscal, hay quien se pone muy nervioso.

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