La Feliz Gobernación
Relevo en la Delegación 

A por las uvas de 2019

"López Miras se ha traído a Bernabé de nuevo a Murcia sin ningún complejo acerca de la posibilidad de que el de La Unión se lo acabe comiendo con patatas"

12.11.2017 | 01:17
El nuevo delegado del Gobierno, Francisco Bernabé, en una imagen tomada durante su etapa de consejero de Fomento, en la Plaza de Belluga de Murcia

"Frente a lo que algunos puedan desear, el actual presidente de la Comunidad no tendrá rival en el partido al menos durante el tramo previo a que se juegue la finalísima en la primavera de 2019. Y para ese envite necesita poner en funcionamiento todos los activos"

Fernando López Miras tenía decidido promover el cambio en la delegación del Gobierno desde su propia toma de posesión. Así lo podrían atestiguar en su entorno. Una actitud en línea con la que mantuvo su antecesor, Pedro Antonio Sánchez, quien nunca compartió química con Antonio Sánchez-Solís. Pero PAS no encontró la llave para abrir la sede de la delegación, quizá porque él entró a San Esteban al mismo tiempo que el otro a Teniente Flomesta, y cualquier destitución en ésta habría resultado prematura.

Sánchez Solís, en realidad, acabó resultando la última isla puramente valcarceliana en el complejo político regional que resultó de las elecciones de 2015. Tal vez el único que reportaba a Bruselas. No olvidemos que Sánchez-Solís se subió al coche oficial al mismo tiempo que Valcárcel, quien lo ha llevado de acá para allá, siempre en segunda línea de las respectivas consejerías por las que ha viajado, pero con más audiencia ante el jefe que el consejero de turno, y la primera vez que se ha bajado sin destino inmediato ha sido esta semana.

Había sustituido a Bascuñana cuando éste tuvo que dimitir forzadamente por los compromisos firmados entre PAS y Ciudadanos para la investidura. Palabras mayores. De Bascuñana, el hombre de las decenas de cuentas bancarias, once años sin acudir al cajero, imputado en Novo Carthago y poco disciplinado ante la Guardia Civil en los controles de alcoholemia, dicen algunos del PP que fue durante un tiempo propietario de un mázinger que permitía abrir automáticamente la puerta del garaje de la sede central de Génova, y esto sin cargo que pudiera acreditarle para esa confianza. ¿A quién iría a ver? Era un intocable, o eso creía él, como algunos otros. Desde luego, Valcárcel todavía no lo ha olvidado: «Bascuñana está triste; habría que volver a contar con él de alguna manera», ha recomendado el eurodiputado a los de la nueva hornada popular que dirigen ahora la Comunidad y el partido. Es una buena previsión: hay que evitar la tristeza a quienes han prestado grandes servicios al PP, aunque se desconozca en qué consisten. Por si acaso fueran servicios delicados.

Y Valcárcel se adelantó a PAS para colocar en la delegación a otro de los suyos, Sánchez-Solís, éste presentado en apariencia como un hombre de perfil técnico, pues quien entraba en San Esteban iba a acaparar todo el protagonismo político. Pero el nuevo delegado había ocupado un papel central en el rifirrafe de la anulada concesión a Sacyr del aeropuerto de Corvera, con mucho ruido y pocas nueces técnicas o políticas. Es sabido, sin embargo, que en el PP los premios y los castigos no dependen de los resultados de gestión, sino de otras cosas, como la lealtad personal y los subsiguientes etcéteras.

INCOMUNICADOS. Estábamos en que Teniente Flomesta y San Esteban no comunicaban. Ni con PAS ni con FER. Tras dos años de legislatura era la hora de sustituir al intruso una vez que el segundo llegaba a la presidencia. Los incidentes en las vías ferroviarias y la perplejidad del ministro de Fomento al tratar de contactar infructuosamente con el delegado de Murcia para hablar sobre el asunto cuando éste disputaba su habitual partido de tenis, abrieron la puerta a un relevo que la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, de quien dependen estos nombramientos, debió ver con más lógica si era apoyado o sugerido, no sólo ya por López Miras, sino por De la Serna y hasta por el vicesecretario popular Maroto, quien parece haber establecido lazos de confianza en los pasillos del Congreso con el nuevo delegado, Francisco Bernabé.

El nombramiento de éste se ha hecho esperar porque Soraya, no sé si el lector lo sabe, ha estado muy entretenida durante las últimas semanas con un asunto de menor importancia: Cataluña. Pero todo llega. El cambio en la delegación no puede atribuirse a una decisión rutinaria, pues es el único de sus características que se produce en este contexto en España. La clave está en lo ya comentado: Sánchez-Solís no era un hombre en línea, aplicado solo a cumplir con las rutinas de su cargo. La versión oficial es que en la delegación se precisaba de una persona con más entidad política. Y ahí es donde aparece Bernabé, quien, por cierto, tuvo en su staff en su etapa de consejero de Fomento a Sánchez-Solís como director general de Transportes. El contrapunto físico que reproducen, el uno de baja estatura, enjuto y fibroso, y el otro voluminoso, apabullante y sobrado puede trasladarse también a lo político.

López Miras se ha traído a Bernabé de nuevo a Murcia sin ningún complejo acerca de la posibilidad de que el de La Unión se lo acabe comiendo con patatas. Frente a lo que algunos puedan desear, el actual presidente de la Comunidad no tendrá rival en el partido al menos durante el tramo previo a que se juegue la finalísima en la primavera de 2019. Y para ese envite necesita poner en funcionamiento todos los activos.

El presidente confía en que Bernabé despliegue la capacidad que le supone para ayudarle a reforzar la acción política (área de la que es vicesecretario en el partido): patear la Región y transmitir buen rollito en favor del que será candidato popular a las autonómicas. El nuevo delegado ha convocado a los responsables de las direcciones provinciales bajo su dependencia en reuniones sucesivas que se celebrarán entre mañana y el martes. Sin perder un minuto. Un gesto indicativo de que Bernabé pretende proyectar la actividad política y administrativa del Gobierno central en Murcia más allá de la función exclusiva de la seguridad ciudadana que más comúnmente se le atribuye.

Hay en el Gobierno regional quienes aseguran que López Miras ´ha fichado´ al de La Unión con una advertencia previa: «No te me vengas arriba y te pongas a trabajar para ti. Te necesito para que trabajes para mí», pero quienes dicen conocer bien a Bernabé aseguran que, en todo caso, se trataría de una advertencia innecesaria, «porque ha demostrado ser una persona muy leal y porque el delegado es un cargo importante para él y se lo debe a quien se lo debe».

METERSE EN CHARCOS. Bernabé es ya un político que arrastra algunas ronchas, casi todas gratuitas y debidas a su espontaneidad. Breve repaso: oponerse al puerto del Gorguel como alcalde de La Unión y reivindicarlo al ser nombrado consejero de Fomento; prometer la llegada del AVE para ir a celebrar la Nochevieja de 2015 a Madrid, lo que en el propio seno del PP le ha valido el ´cariñoso´ apelativo de Paco Uvas; el descalabrante discurso en el Congreso sobre las virtudes de cortarle el rabo a los perros... Son charcos en los que se ha metido voluntariamente, diríase que sin necesidad, pero cuya fuerza mediática y la facilidad para su deconstrucción en redes sociales restan credibilidad a sus vaticinios y lo dibujan como una personalidad escasamente refinada. De ahí que muchos adelanten el prejuicio de verlo, en su nuevo papel de responsable de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado en la Región como el hombre de la porra. A lo que ayudan no poco las declaraciones, habitualmente pintorescas, de su hasta ahora colega de escaño Teodoro García: «No aconsejo a los enemigos del futuro de la Región que se pongan enfrente de Bernabé». Y ya se sabe que los enemigos del futuro de la Región son todos aquellos que discrepen de la política del PP.

No obstante, habrá que admitir en Bernabé cierto arrojo en el interior de su partido, como cuando se convirtió en la única voz que criticó abiertamente que Valcárcel, entonces en todo su poderío, hubiera cedido la sede regional del PP al exconsejero Marqués, imputado en casos de corrupción y ya sin carné, para que celebrara una rueda de prensa. Desde entonces Valcárcel se hace el indiferente ante la presencia de Bernabé, aunque siguen obligados a coincidir en las reuniones de la dirección del PP, uno como presidente de honor y el otro como vicesecretario general.

El nuevo esquema, al menos de principio, es que se abrirán las líneas entre San Esteban y Teniente Flomesta. Uno de los pasos de refuerzo para intentar que, llegada la Navidad de 2019, los dirigentes del PP puedan tomarse las uvas en ambas sedes. A ver si esta vez Bernabé acierta.

PIEZAS SEPARADAS

López Miras se entrevista con Diego Conesa y Miguel Sánchez

El recién estrenado secretario general del PSOE, Diego Conesa, tiene hoy cita en San Esteban, donde celebrará su primera entrevista con el presidente de la Comunidad. Fernando López Miras recibirá también a Miguel Sánchez, portavoz de Ciudadanos. Aunque el líder socialista ha avanzado que podría establecerse una relación de asuntos con coincidencias básicas para impulsar la Región, es con Sánchez con quien el presidente tiene más esperanzas de establecer una relación colaborativa. El líder de Ciudadanos tenía con Pedro Antonio Sanchez mayores dificultades de entendimiento personal a causa de la competencia política en tiempos de militancia juvenil que arrastraron recelos para las circunstancias actuales. Sin embargo, con López Miras hizo buenas migas en los pasillos de la Asamblea antes de que éste fuera elevado a la presidencia.

¿Y si tocara a Andrés Ayala resolver el expediente a Pilar Barreiro?

Hay a quien le entra la risa floja tan sólo de pensar que el expediente que el presidente del PP de Cartagena, Joaquín Segado, se propone abrir a la exalcaldesa Pilar Barreiro por supuestos viajes de placer a cargo de la empresa concesionaria de aguas en el municipio, caiga en la Oficina del Cargo Popular, dirigida por su paisano y exdiputado Andrés Ayala. Las relaciones políticas y personales entre Barreiro y Ayala han sido casi siempre manifiestamente mejorables, y sería glorioso que el segundo tuviera que analizar si el comportamiento público de la primera se atiene a las reglas de la ortodoxia que marca el PP, si es que existieran tales reglas. Y si en caso de que Ayala estuviera obligado a examinar ese asunto podría esperar de Barreiro que ésta le replicara con apelaciones incómodas para el examinador.

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