El espejo

Avecrem pechuga

21.10.2017 | 19:55

La inquietud me posee, no duermo. Mi vida se ha convertido en una eventualidad, los nervios me comen; fumo como un morciguillo impenitente y todo desde que Puigdemont anunció lo que anunció, sin llegar a saber realmente lo que anunció, si es que anunció algo. En estas noches otoñales, llevado por la ensoñación, se me aparece Wifredo el Velloso (en catalán Guifré el Pilós), no viene solo, aparece con Roger de Lauria, con Roger de Flor, con una ´parvá´ de fieros almogáraves, seguidos del tambor del Bruch con su barretina; de Gaudí, de Pujol, de un Josep Tarradellas que no cesa de repetirme al oído: «Ja soc aquí», que me hacen imposible conciliar el sueño.

Uno se puede hacer a la idea de prescindir de ciertas cosas, aunque éstas nos hayan acompañado a lo largo de la vida: el agua de Vichy Catalán siempre me produjo flato; puedo pasar sin el hotel Arycasa, no admirar la Sagrada Familia, negar un paseo por las Ramblas; incluso me olvidé de aquel tren correo al que llamaban ´el catalán´ y su coche cama del Wagon Lits, habitáculo inamovible desde los tiempos de Isabel II, que partía de Murcia del Carmen con llegada a la estación de Sants, y descendías del mismo, tras diez horas de viaje, tan tiznado como un fogonero.

Todo es pasajero, todo es mutante en el tiempo y se comprende e incluso se acepta. Existen pequeñas cosas que por cotidianas se hicieron imprescindibles ¿Cómo le voy a decir a mi madre, que Dios tenga en su Gloria, que nunca más volveré a comprar las pastillas de Avecrem?
El Avecrem forma parte de nuestra vida, de nuestras recetas más hogareñas. Un reconfortante caldo, una sopa de menestra o una sopa de letras dando forma a nuestro nombre en el borde del plato, unido al ´parte´ de Radio Nacional nos ayudaron a crecer. Los anuncios de Gallina Blanca junto con aquel negrito del África tropical del Cola-Cao son el telón sonoro de fondo de nuestra existencia más ancestral. ¿Qué hacemos con la Tía Leo ,aquella ancianita entrañable que nos recomendaba sabrosos y nutritivos platos gracias al milagro de la pastillita de Avecrem? ¿Ya no haremos ´Chup, chup´ al echar con disimulo, sin que nadie nos vea, la pastilla de Avecrem pechuga al arroz y pollo de los domingos, un toque de sabor que era un secreto a voces? María Teresa Campos, Arguiñano e incluso el entrañable locutor de Radio Murcia don Elías Ros Garrigós nos recomendaban desde la Glorieta los productos Gallina Blanca. Fue cuando un helicóptero aterrizó en la avenida del Teniente Flomesta promocionando un concurso de Avecrem caldo de pollo.

¿Cómo olvidar de un día para otro aquel otro concurso, Sí o No, que presentaba el ciezano Joaquín Soler Serrano en la primeriza televisión, allá por los 60? El concurso lo patrocinaba Gallina Blanca, madre del Avecrem, y el premio de consolación consistía en un lote con los productos de la marca catalana, sopas para la España hambrienta.

Una hipotética independencia de Cataluña me quita el sueño, sería renunciar a una parte de nosotros mismos, de aquella reparadora sopa de Avecrem pechuga que reunía a las familias en torno a la mesa de camilla en las frías noches de los inviernos de hace mucho tiempo.
Cataluña y su Avecrem siempre serán un trozo de España y de la historia individual de cada español, pese a quien pese.

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