Por si encaja

Sospechosos habituales

04.10.2017 | 04:00
Francisco Esquivel

Ahora dentro del calendario fijado nos viene España, lógicamente ya en calzones que para eso acaba de enseñarlo todo. Vaya entrada de otoño, con caída de hojas, de ojos y de lo que haga falta. Esto, madre mía, es un sin parar. ¡Joder con las eliminatorias europeas y con la Fifa de los...! ¡Qué agobio! El cuerpo de barandas del balompié mundial nos pilla en la semana decisiva para el gran objetivo de reconquistar el oro de Moscú con el presidente (el de la federación, en este caso) en libertad vigilada. Todo lo ocurrido durante la ardua contienda no es más que la pura y lisa manifestación de un estrepitoso fracaso, pero aquí no hay responsable alguno de las diversas estrategias que entregue la cuchara. ¡Este Villar!
Ningún humano que se precie es capaz de diagnosticar con certeza si el enfrentamiento se decidirá en cualquiera sabe qué prórroga, si por penaltis o si habrá que ir a la muerte súbita, dado que ahí están los raquetazos y que la especialidad, al ser deportiva, poco importa. Los comentaristas habituales de la jugada permanecen secuestrados en los platós, con la secreta ambición de lograr desmaquillarse algún día aunque sea por la vía del 155. En ciertos casos parece de cajón que un método tan expeditivo liberaría el espíritu cascado de los mirones. Hablando de cansancios, no hay que descartar que Iñaki Gabilondo necesite echar mano de un desfibrilador para continuar con sus maitines de buenos propósitos. Albert Boadella, en cambio, disfruta a su pesar como un enano y ha dejado caer que, cuando sale al extranjero, dice que es de Murcia. Y en Murcia también se han levantado voces contra la violencia policial, pero por la empleada contra vecinos que, ante la llegada del ave, exigen el soterramiento de las vías.
Constatándose así que cada uno va a lo suyo, entremos en el verdadero tira y afloja: ¿Qué hacer con Piqué? Pues, una posibilidad es alinearlo con la República parlamentaria de Albania a riesgo de que un gol suyo nos deje en la estacada que, vaya por Dios queridos, es donde ya estamos.

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