Por si encaja

Trabajarse la empanada

25.09.2017 | 18:09

Paso la tarde con Luis Landero pero no al modo habitual sino con el escritor ahí, en carne y hueso. Es la fortuna de contar con todo un clásico que bebe de las fuentes del Quijote, Joyce, Flaubert, Kafka y que es de los que no ha pasado, mira por donde, a mejor vida. Con lo que normalmente se disfruta (o no) es con la obra y más si se trata de un esmerado orfebre de la palabra como es el caso.

Sin embargo, procuro no perderme las contadas apariciones públicas del autor de Juegos de la edad tardía y El balcón en invierno. Noto que la reposada manera de ser que irradia contagia serenidad. En medio del inevitable star system en el que figurillas de medio pelo provocan por las redes para lograr así estar en boca de todos dándoselas de súper cuando su producción apenas si se sostiene en pie, Landero agranda la naturaleza exprimiendo ideas en el salón de casa con la duda permanente en el cuerpo sobre qué cojones hace ahí. Pero dónde está la acción, ha venido preguntándose con insistencia, ¿en la calle o en esta cabecita loca que me lleva a mal traer por vericuetos que nunca sé si conducen a algún sitio?

La angustia perpetua del novelista se convierte encima en analogía precisa del trance por el que transita toda una legión que, en vista del ruido exterior producto de la creciente deriva, se entrega a diario con sumo deleite a la ficción en cualquiera de sus vertientes. Como reconoce el ingenioso extremeño recriado al igual que tantos en un barrio castizo de Madrid, «somos una tribu que no hay modo de cohesionar y llevamos cinco siglos intentándolo. Existen motivos para no amar a España, que ha sido gobernada por clérigos, militares y aristócratas, pero hay otros que conducen a lo contrario: Cervantes, Jovellanos, Machado, Azaña... A pesar de esa historia descarriada, a España siempre la tengo en el corazón».

Hombre, claro, y tanto que lleva adelantado. La otra tarde confesó que, para el lector que es, el Ulises resulta intragable pero que, en su faceta de escritor, sí que le interesa. Como para no entender a España.

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