Al paso

Presunta humanidad

15.09.2017 | 00:48
Presunta humanidad

Puedo imaginarme fácilmente la escena. Una pareja con dos hijos se prepara para tomar las tan esperadas vacaciones de verano. Todos están emocionados, ilusionados, felices, contentos. Han aguardado todo un largo año de trabajo para disfrutar de unos más que merecidos días de descanso en la playa. Pronto se pondrán en camino, así que cogen las maletas del armario y comienzan a meter camisetas, pantalones, bañadores? Todos sonríen. Incluso Toby, el perro de la familia, parece feliz mientras camina de un lado a otro de la casa como loco moviendo el rabo. Una vez que ya han metido todo lo necesario (y mucho más), la pareja baja las maletas por las escaleras y las mete en el maletero del coche. Todos se introducen en el vehículo y comienzan la marcha. En los asientos de atrás, los dos niños y el perro miran atentamente la película proyectada en el DVD situado en el reposacabezas delantero. Después de unos cien kilómetros, los niños se quedan adormilados. El coche para la marcha lentamente y se detiene en la orilla de la carretera. Entonces, la pareja sale del vehículo y abre la puerta trasera. Toby sale, menea el rabo, olisquea y comienza a hacer sus necesidades. La pareja se introduce en el coche a toda velocidad, cierra las puertas, acelera y sigue la marcha, mientras Toby los observa alejándose sin comprender absolutamente nada.

Posiblemente, sea un problema mío. Tal vez no estoy preparado para comprender el comportamiento humano, pero sinceramente creo que alguien capaz de cometer un acto semejante es capaz de cualquier cosa. Nadie que tenga el mínimo brillo de humanidad en su corazón puede abandonar a su mascota después de haberla mirado a los ojos. Nadie con el mínimo brillo de humanidad en su corazón puede seguir viviendo como si tal cosa después de haber abandonado a su mascota a la orilla de una carretera. Y, si puede hacerlo, entonces es que definitivamente no merece el término de humano ni los derechos que por ello se le presuponen. Los vínculos emocionales que se establecen con un animal son, en muchas ocasiones, más fuertes que los que establecemos con la mayoría de las personas. Los animales no poseen las características humanas que suelen joder cualquier tipo de relación. Los animales no conocen el orgullo, ni son prepotentes, ni pretenciosos, ni vanidosos, ni mentirosos, ni les mueve la codicia o la envidia. Su carácter primitivo hace que sean (justamente) primitivos, y dan amor sin esperar nada a cambio incluso cuando son maltratados.

Leo de nuevo la cifra y me resulta absolutamente escalofriante. El año pasado, unos 150.000 perros y gatos fueron abandonados por sus dueños. La cosa podría no ser tan dramática si solo se abandonasen animales durante el 2016, pero el hecho es que todos los años la cifra de abandono es muy semejante.

Cada segundo, se abandona una mascota en el mundo. Miles de animales están sufriendo ahora mismo un dolor insoportable e incluso la muerte en experimentos absolutamente innecesarios financiados con dinero público. Algunos cazadores, finalizada la temporada de caza, cuelgan a sus perros de un árbol con las patas estiradas hasta que (incapaces de aguantarse más) los animales mueren asfixiados lentamente. No creo, sinceramente, que la vida de esas personas sea más válida que la de su perro. A veces, me da asco la especie humana, y creo sinceramente que nuestro trato con la naturaleza nos convierte muchas veces en la especie más repulsiva que habita la tierra.

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