El Mirador

Cómo éramos

15.09.2017 | 00:33
Cómo éramos

Hay cuatro madres solteras árabes, Kantar, Uahiba, Aiza y Rashida, que en su país, Marruecos, y con la ayuda económica de unos fondos europeos (Europa sirve para más cosas de las que vemos y apreciamos) se han hecho fuertes en una pequeña emisora que su Ong 100% Mammans ha podido montar en Tánger, desde donde se hacen oír. Son cuatro mujeres solas ante todo un país donde rigen la cerrilidad e incultura, y solo disponen de su valentía e iniciativa. A través de sus ondas intentan proclamar su dignidad de mujeres y madres. Las relaciones no matrimoniales están prohibidas y severamente castigadas en el Código Penal marroquí. A sus hijos se les llama wlad ijram (hijos del pecado) y no están reconocidos ni civil ni socialmente. Pueden imaginar, aun levemente, la violencia y la crueldad del repudio. Solo transigen superficialmente con ello por estar apoyadas financieramente por la UE. Las madres solteras que no tienen el arrojo de estas cuatro, están marcadas y machacadas, y se les obliga incluso a rechazar a sus propios hijos. Entre otras situaciones tan inhumanas como espeluznantes.

Pero fíjense, y piensen. Hace apenas unas pocas décadas aquí pasaba exactamente igual. Justamente lo mismo. Sin paliativos. El régimen, la Iglesia y la sociedad trataban de perdida a la madre soltera y de 'hijos de?' a sus pobres criaturas. Era nuestro régimen político, nuestra confesión religiosa y nuestra sociedad de cínicos e hipócritas que hoy nos rasgamos las vestiduras por lo mismo en países vecinos más atrasados. ¡Qué poco tiempo y qué pocas otras cosas nos separan de eso! Hoy, la maternidad en soltería no solo no es recriminable en España, sino que es hasta bien vista, y casi, casi, que está de moda. Es hasta de buen tono, fíjense, el ser madre soltera. Denota independencia, responsabilidad, voluntad? Pero que muy bien, oiga. ¡Cuánto hemos cambiado así, casi que de pronto! Apenas hace nada se les quitaban esos hijos a esas madres y se les entregaban a otras virtuosas familias? cristianas, claro.

En este punto cabe la pregunta: ¿ese cambio se ha dado por evolución natural de la sociedad española? La respuesta es compleja. La evolución humana no se da en tres o cuatro décadas. Es mucho más lenta, va más despacio, se toma bastante más tiempo. Mucho más, un cambio tan radical de casi 180º en la manera de pensar, juzgar y actuar. La historia es un ejemplo vivo de ello. ¿Entonces, aquí, en España, qué ha ocurrido para que olvidemos tan fácilmente que hace cuatro días éramos como hoy en Marruecos? Mi opinión es que han pasado muchas cosas en muy poco tiempo que han empujado todas y a la vez con la misma fuerza y en la misma dirección. Y esa conjunción de factores, quizá rara en la historia, o no, ha hecho posible que, al menos en ese sentido, hayamos dado un salto cualitativo enorme. El cambio de un régimen dictatorial a uno democrático, el impulso que sufrió el país (es justo reconocerlo) con el primer socialismo felipista. El formar parte activa de una Europa que nos mantenía en el congelador de la historia. El Mercado Común, la Otan, la apertura de fronteras? De pronto, nos miramos en nuestro espejo y no nos gustamos. Y, rápidamente, cambiamos de imagen.

Pero lo de estas cuatro madres solteras marroquíes es distinto. Algo muy diferente. No es un movimiento ciudadano que se haya enganchado a una corriente liberadora y liberal, transformadora y modernizadora. No, qué va. Es como una bombilla minúscula y débil que se ha encendido en un país, en una sociedad con unos regidores oscurantistas, absolutistas y recelosos de los derechos humanos, y eso significa un enfrentamiento desproporcionado, colosal, y casi que heroico. Esas mujeres nos ven como una sociedad justa, avanzada, ideal, respetuosa y tolerante, pero no saben que ayer mismo éramos como ellos.

Lo que esto demuestra es que deben existir motivos, intereses o lo que sea para que un país evolucione, así como para que permanezca estancado en su atraso secular. Bien económico, bien social, bien cultural, bien todo. España tuvo la inmensa suerte de estar pegada a los Pirineos en vez de al otro lado del Estrecho. Lo del tipo de religión tiene su importancia, pero no lo es todo. Es un valor que se maneja según el interés político, salvo que éste se deje manejar por el religioso, no nos engañemos. Y la religión se deja manejar si la dejan manejar. Eso es todo. Lo demás son otros López, amigo mío.


Viernes, 10,30h. http://www.radiotorrepacheco.es/radioonline.php

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