Amor a presión

Un concierto llamado libertad

18.07.2017 | 04:00
Un concierto llamado libertad

De esto que abres el periódico y te encuentras a la consejera Martínez-Cachá hablando de conciertos, de conciertos por la libertad. Aún no te has tomado el café y por un momento crees que se va a traer a Sting y a Bono (o por lo menos a Perales) a cantarle a Mandela. Quiá. El lorenzo pone ideas locas en tu cabeza, espejismos. Caes en la cuenta de que está hablando de lo mismo que hablaba Sánchez-Mora: de educación secundaria y de elección de centro. Y te dices: hombre, ya era hora. Por fin la chavalada de Barriomar va a poder estudiar en Maristas, y la del Polígono en el Nelva y el Monteagudo: esta consejera va a acabar por fin con las cuotas encubiertas de estos centros de élite, va a asegurarse de que atiendan diversidad, mi gente va a poder elegir, ¿no? Quiá. Ya salió Bakunin. Anda, hijo, ponte una gorrica si vas a salir a la calle porque te veo lento últimamente. Aquí de lo que se trata es de pagarle entre todos a la élite la plaza en el cole bien. Que no te enteras, flipao.

Reconozco que la neolengua me cuesta. Sobre todo la pronunciación. En fin. La consejera habló, los conciertos se aprobaron (sin Sting ni Bono -ni Perales- en el cartel, eso sí: gracias, Adela), las empresas de educación católica de siempre se llevaron el trofeo y el verano siguió, entre olas de calor y putadas en el BORM, como todos los años. Pero hete aquí que me llama el otro día una compañera del AMPA del cole de mi crío y me cuenta una movida. Una de ésas que te cabreas. De las que se te quitan las ganas de hacer chistes. Que en el centro, un CEIP ya masificado, la Consejería ha decidido implantar una cuarta línea de Infantil, que de hecho ya ha asignado esas plazas (sin advertir de que esa cuarta aula habrá que ubicarla en el primer piso y los niños y niñas de tres años tendrán que subir y bajar escaleras) y que se niega a aportar recurso alguno: ni personal de apoyo para ayudar con los escalones, ni equipamiento de aula ni, oídlo bien, mesas o sillas.

Para ubicarnos, añadiré que este centro se encuentra al sur de la ciudad, al otro lado del río, ese territorio inexplorado que habitan tribus nómadas, gente que no es rubia ni tiene apellidos compuestos y que (horror) se dedica a currar para sobrevivir. Ésa que lucha con arcos y flechas contra el muro del AVE en superficie, según un documental. Lo que no aparecía en el documental es si sus churumbeles se sientan, cuando están en clase. Nadie ha vuelto vivo para dar testimonio, supongo.

No sé a la consejera, pero a mí, de chaval, mi profe de Ética (ahora compañera en esta sección: Josa Fructuoso) me enseñó para siempre una verdad muy sencilla: la libertad de cada cual termina donde empieza la de los demás. Me voy a permitir añadir otra, que casi cae por su peso: financiar, con dinero de todos, 29 unidades en la privada invade varios pueblos la libertad de la comunidad educativa pública. Lo puede usted hacer por fases (al final empezaremos a pagarlas más adelante, en el curso 18/19), con estivalidad y alevosía, como ahora, e incluso poniéndole nombres chanantes ('libertad de elección', 'fiesta de la democracia' o 'esto solo se lo arreglamos entre todos') pero no sin que se note, la alegre sangría, de euros públicos. Apuntado queda, señora consejera.

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