Susana fue a menos y Sánchez a más

30.05.2017 | 19:20
Manuel Campo Vidal

Las primarias del PSOE nos han regalado un caso digno de estudio sobre la decadencia de los aparatos partidarios. Tomen nota en otras casas y en el propio PSOE para sus inminentes Congresos.

Los asesores de Susana DÍaz, cuya identidad sería bueno conocer para protegerse de ellos, no identificaron los tiempos que vivimos, anclados aún en el siglo XX. Toda la campaña sonaba a antigua y formal, a diferente de la de Sanchez, más moderna y emocional, sobre todo en redes sociales y audiovisuales; y de la de Patxi, bien distinta, con un discurso parroquial ante la feligresía. Así le fue a la candidata.

Convencidos de que los aparatos de los partidos son invencibles, demostraron compartir con Mariano Rajoy la arriesgada afirmación de que «el tiempo resuelve los problemas». En el caso de Cataluña ya sabe el presidente que, desgraciadamente, el asunto va a peor. Quien retrasó al máximo las primarias pensando que Pedro Sanchez se diluiría, se confundió: Susana solo hubiera podido ganar en las primeras semanas. Meses después, la ola de simpatía hacia Pedro Sanchez, ´víctima del aparato´ (y en su día de su propio aparato, cabría añadir) crecía. En sus mítines faltaban sillas y en los de Susana, como en Elche y otras ciudades, había que retirarlas para que no se vieran calvas. Hay fotografías que lo documentan.

Pero, además de la variable tiempo mal manejada y de la incomprensión de la era en la que estamos, los programadores de la campaña de Susana Díaz ignoraron que a los aparatos de los partidos también les afecta la tendencia mundial de desconfianza hacia las instituciones y las élites. «Las instituciones viven en la mente de las personas (nos decía el profesor Manuel Castells el otro día en la escuela de negocios NEXT IBS) y la distancia entre lo que proclaman oficialmente y lo que sucede en realidad, crea desajustes y desafección». Así que, ahora, datos en mano, se puede probar que el aparato del PSOE forzó avales en favor de Susana Díaz, porque obtuvo menos votos que avales en algunas localidades. Es decir, desafección frente a malas prácticas que se rechazan en cuanto hay oportunidad.

¿Quiere esto decir, como ha concluido algún apresurado analista, que Pedro Sanchez es populista? «No. Es el momento, el que es populista», sostiene el sociólogo Fernández Vallespín. Son tiempos de reacción hacia lo establecido porque hay descontento y basta que las grandes figuras den apoyo a alguien para simpatizar con los no patrocinados. Creyeron los asesores que la foto de Susana con Felipe, Zapatero, Guerra, Bono y compañía les daría grandes réditos cuando abundan los testimonios de que esa imagen decidió a muchos a votar al adversario.

E incomprensible resultó que Susana no presentara un programa hasta días antes de la elección. ¿Pretendía vencer sin programa, solo con su estampa, al sentirse amparada por los dioses? Pensaba hacerlo dibujando la imagen de que ella era una ganadora de elecciones y Pedro un perdedor. Ni un argumento más. Un análisis de sus discursos da como más frecuente la palabra ´ganar´. Como se sabe, eso no solo no funcionó, sino que la deja huérfana de argumentos para el futuro, al menos para un tiempo largo, porque quien solo sabe ganar, o sabía, encaja mal las derrotas y se desconcierta.

Pero Susana es trabajadora y lista. Su desconcierto le habrá durado a lo sumo una noche, o mejor dos horas, porque en su discurso tras los resultados (además del feo detalle de no citar al ganador por su nombre) ya se concentró solo en Andalucía. Era la vuelta a casa pero, sobretodo, la protección de su puesto amenazado (el de líder socialista andaluza) dado que más un tercio de la militancia no la había secundado en su aventura. En las próximas semanas veremos otros movimientos, pero adelantemos que en la elección de delegados para el Congreso, el enfrentamiento remite en Andalucía. A ver.

Al tiempo, quedamos todos a la espera de la administración que hace Pedro Sanchez de su meritoria victoria y del control de su instinto vengativo. «Ha madurado mucho en esta travesía», sostiene una voz muy autorizada. Veremos si eso se confirma.

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