La Feliz Gobernación

Pasando del fiscal

20.05.2017 | 20:36
Pasando del fiscal

El fiscal jefe del Estado tiene ya tan minada su credibilidad (no digamos su subalterno Anticorrupción) que ni siquiera los jueces toman en consideración sus indicaciones. Es probable que no lo hagan para evitar verse salpicados por el prejuicio que existe sobre esa pareja. Hoy, un juez que acepte el criterio de la fiscalía del Estado se expone a pasar por cómplice de la corrupción. Y esto incluso a pesar de que en algún caso estos fiscales pudieran tener alguna razón. Pero cuando se pierde la credibilidad, no hay modo de recuperarla aunque sea diciendo ocasionalmente alguna verdad. El ministro de Justicia («Pedro Antonio ¿dónde estás?») ha hundido el crédito de la Fiscalía a niveles que sólo son comparables con aquel Pollo del Pinar que en la etapa del Gobierno felipista se escondía en el capó del coche oficial para que la prensa no lo retratara después de perpetrar alguna de sus fechorías. O sea, que no es nuevo. Pero que no lo sea sólo demuestra que el PP no ha aprendido algo de los viejos pecados de los fiscales socialistas ni siquiera para sofisticar los procedimientos, ni tampoco de los ministros tipo Bermejo que se iban de cacerías con Garzón durante la instrucción por éste del caso Gürtel. Tales para cuales. Pero una cosa no exculpa a la otra si atendemos al tiempo presente.

El TSJ, por mucho que sea un estamento al que se intente cuestionar por la procedencia digital de alguno de sus jueces o por las amistades peligrosas de otros, ha dado un zasca a la Fiscalía del Estado en un contexto en el que, en apariencia, todos los estamentos judiciales, si hacemos excepción de los juzgados que no dependen de las instancias políticas, están bajo sospecha. Pero es que los intentos de manipulación desde el Gobierno de Rajoy para esquivar las responsabilidades por la galopante corrupción son tan obvios que hasta los profesionales de la magistratura que pudieran estar más en línea no se quieren prestar a hacer el papelito de disimular sus obligaciones ante quienes la tienen hecha. Todavía hay que añadir algo: ningún juez que haya dedicado su juventud a construirse como tal, por muy comprensivo que sea, va a prestarse a componendas. Esto es lo que al PP se le escapa, porque la obligación profesional supera incluso las tentaciones de las simpatías personales.

Un segundo de Valcárcel en alguno de sus Gobiernos preguntó a éste, hace años, cuando el entonces presidente de la Comunidad propuso a un determinado juez para que fuera elevado al TSJ por la mayoría del PP en la Asamblea: «¿Cómo hemos puesto a este, que es tonto?». La respuesta de Valcárcel fue: «Precisamente porque es tonto». Pero hasta el más tonto, puesto en una situación límite en que esté en juego su conciencia profesional frente a la manipulación gubernamental a través de los fiscales del ministro Catalá, se rebelará contra la imposición política.

El TSJ de Murcia ha asumido los criterios del juez Velasco en el caso Púnica respecto a PAS. Y cabe pensar que lo ha hecho porque todas las presiones conducían a que no lo asumiera. El tiro por la culata.

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