El Contenedor

La mesilla de noche

17.05.2017 | 04:00
La mesilla de noche

Dime qué tienes en tu mesilla de noche y te diré quién eres, podríamos decir. Mi amigo Marcos Salvador Romera, pintor que hace magia o mago que pinta, después de estar unas horas en el Museo Picasso de Málaga, de comprobar la grandeza sublime del genio, se compró una foto del maestro y la ha puesto en la mesilla de noche junto a las obras completas de don Antonio Machado y una botella de agua. Mejor retrato de su personalidad, imposible. Al levantarse cada mañana pide permiso: «Don Pablo, voy a pintar si usted me lo permite». Nuestras mesitas de noche nos delatan; las que tienen un cristal suelen cobijar, debajo de él, fotos entrañables; una frase trascendente de Forges, por ejemplo; o un 'te quiero' manuscrito que es una joya del alma. Las que tienen cajón suelen guardar un optimista preservativo si estamos en edad de merecer; raras veces una estampa de Leopoldo de Alpandeire, también malagueño, beato capuchino que pedía limosna por las calles de Granada y la repartía entre los necesitados añadiéndoles buen consejo y comprensión.

Marcos y yo hablamos mucho de pintura, de Picasso siempre; nos parece un monstruo de la naturaleza, un ser más allá de lo racional y humano. Una estrella polar. Una guía en cuanto al arte, que ya se sabe, no fue santo, ni de lejos, en lo demás. Estamos en el asunto de acuerdo. El mundo se rindió hace tiempo a su talento. Reyes y monarcas del planeta, príncipes de la Patagonia, princesas enamoradas, presidentes de países gubernamentales y, en general, gobernadores de ínsulas, banqueros del dólar dolorido, condes, marqueses arruinados y grandes recién laureados, ministros y ministrables, arzobispos y cardenales, jefes indios de la reserva, consejeros, emperadores de oriente, coleccionistas de moneda y piedras preciosas, políticos corruptos y por corromper, comisarios de magnas exposiciones, conserjes de museos, falsas monjas con cuenta creciente en Andorra; todo el firmamento reconoce su magnificencia artística. Yo añado: su generosidad.

Ahora que vitoreamos la existencia de su obra Guernica en su 80 aniversario, debemos saber que la pintura fue siempre de su propiedad (la República le dio 150.000 francos que se fueron en la tela y el bastidor); que nunca quiso dejar de ser español; que aún en vida del dictador al que le dedicó un texto asombroso: «Fandango de lechugas, escabeche de espadas, de pulpos de mal agüero?.», escribió al MOMA de Nueva York para que tomaran nota los americanos de que el cuadro y las 45 obras accesorias serían reclamadas por el pueblo español (siempre nos llamó así y me gusta), en su pleno derecho, cuando en su país, España, se restablecieran las libertades. Se repatrió  Guernica en 1981.

Sin ningún empacho si de mí dependiera, el 25 de octubre, día del aniversario del nacimiento de Picasso yo lo haría Fiesta Nacional. Hagan un recorrido mental con sus aportaciones: Málaga; La Coruña, Barcelona o Madrid; con su lucha por evitar la muerte del arte; por multiplicar por infinito su influencia contemporánea. Por su españolidad manifiesta y manifestada.

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