Misales

13.05.2017 | 21:08

Dicen las noticias de la prensa que la matriarca de los Pujol, la esposa del ex molt honorable senyor Jordi, envió hace años una nota a la que entonces era la Banca Reig con sede en Andorra solicitando, en nombre de la madre superiora, que enviaran dos misales al capellán de la parroquia. Lo normal, vamos, pero la policía va y se mosquea. Creen los investigadores que de lo que se trataba era de sacar de una cuenta digamos oculta dos millones de pesetas no menos oscuros.
Cierto es que los bancos no suelen mandar misales a ninguna parte, ni siquiera los bancos más píos que existen entre los que se encuentran, sin duda alguna, los andorranos. Cierto también que puede parecer una broma infantil, una encriptación ingenua para disimular que se está hablando de dinero, el empleo de los términos religiosos. Pero lo cierto es que, ya fuera por chulería o vergüenza, en los tiempos de la peseta a un millón se le llamaba un kilo, que era lo que venían a pesar los mil billetes de mil necesarios para completar esa cantidad. Puestos a buscar un nombre castizo, viene a ser lo mismo el del kilo que el del misal. Con las ventajas que trae el entrar en la vertiente piadosa, común denominador propio de todas las transferencias de capital habidas o por haber. Sobre todo si anda por medio alguien como doña Marta Ferrusola. Apearle el lado santo creyendo que lo que quería hacer era engañar a quienes siempre se meten por medio con intensiones aviesas, husmeando los movimientos de los misales de los otros, es pecado de maledicencia.
No es prudente olvidar todo lo que fueron el ex-honorable y su señora para la patria, que es el altar mismo de las causas divinas. La pareja que fue espejo y guía hasta su retiro político sigue siendo un símbolo del proceso soberanista. Al añadir ahora el icono mejor de todos los imaginables, el del martirio sobrevenido por la persecución que hacen de los Pujol las siniestras autoridades españolistas en alianza con policías y jueces, la referencia religiosa se vuelve inevitable. ¿Qué menos, entonces, que conceder a doña Marta la condición de madre superiora?
La santidad es componente esencial de todo nacionalismo, ya sea nuclear o periférico, y debe entenderse como lo que es: la referencia misma de la voluntad de los dioses. Cuando se es santo se es para siempre, no como sucede con los tratamientos protocolarios que añaden el infamante ´ex´ a la gloria antigua. Con lo que resulta que los misales de entonces sirven para los apaños de ahora mismo. Pensar lo contrario sería una blasfemia y ya se sabe que algo así se paga muy caro. Vade retro, Satanás, con tus maledicencias y tus sospechas infundadas. Lo único que queda por saber, alabar y bendecir es el número de los misales que la madre superiora mandó a un lado y otro. Se intuye que se trata de cantidades propias de la Biblioteca Vaticana.

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