Dulce jueves

Xanadú

11.05.2017 | 04:00
Xanadú

Iba conduciendo por las onduladas tierras almerienses, Pulpí, Zurgena, Lubrín, Sorbas, Lucainena€ cuyo paisaje hipnótico parecía agrandar la distancia recorrida, lo que unido al cielo sin nubes agigantándose sobre las estribaciones del desierto me hacía sentir como si entrara en un lugar mágico. La quietud de las lomas cubiertas de matorral ralentizaba mis pensamientos a la vez que les daba una tonalidad luminosa. Entonces sonó en la radio una canción que me transportó ya no solo en el espacio sino en el tiempo haciéndome entrar en un lugar que creía olvidado.

Era Xanadú, de Olivia Newton-John y la ELO. La canción es de 1980 y dio título a una película. Olivia Newton-John tenía 32 años y estaba en pleno éxito tras Grease. Yo era muy joven entonces. Mis compañeros de instituto llevaban el peine en el bolsillo trasero de los tejanos. Yo no (palabra de honor), pero me gustaba la ELO y hubiera querido ver aquella película, sin embargo fue vapuleada por la crítica y duró muy poco en los cines. En aquella época si se te escapaba una película no había forma de recuperarla, así que me quedé sin verla y después todo eso quedó en el olvido.

Ahora sonaba en la radio mientras atravesaba una paisaje lunar que parecía flotar en el tiempo. Los ecos de otros días, un millón de luces danzando, un mundo eterno, una estrella fugaz y tú estás aquí conmigo, en Xanadú, un lugar al que nadie se atrevió a ir€

Es curioso cómo películas que nunca llegamos a ver nos marcan tanto como las que sí vimos. Lo que imaginamos tiene tanta fuerza como lo que en realidad vivimos. Al final, todo termina luchando contra el mismo enemigo, el olvido. Xanadú se había construido con mis deseos de entonces, cuando uno está a punto de perderlo todo y no lo sabe, por eso quedó alojada en el territorio mágico al que, como dice la canción, algún día volveremos.

Pero ahora no sabía adónde iba ni siquiera si iba a algún sitio. Planeando a unos centímetros del asfalto, creí olvidar el comienzo del camino. ¿Me perdería en el desierto? ¿Daba igual coger un camino que otro? ¿Hacia el mar? Quizá la canción vino en mi rescate para recordarme que puedo seguir siendo lo que creo ser, para seguir creyendo que el lugar adonde voy es elección mía. ¿Pero de dónde surgía? ¿Quien había vuelto a tocar la melodía olvidada en «el palacio soleado» sobre «el mundo fantasmal y tan bello»?

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