Lo que hay que oír

Vila-Matas o por qué no repetir y repetir

"Mac y su contratiempo, un artefacto inclasificable, como todos los de su autor, que conecta con el lector de gusto complejo"

11.05.2017 | 20:16
Vila-Matas o por qué no repetir y repetir

Como me suele ocurrir con tantas obras de la copiosa producción de Enrique Vila-Matas (Barcelona, 1948) no sabría definir, pero tampoco importa mucho, si Mac y su contratiempo es novela, ensayo o novelansayo, pues narración hay, exploracion téorica también y la mezcla entre ambas abunda. Compleja obra, muy aconsejable para los ya enganchados a la literatura, un tanto amenazante, digo yo, para quienes gustan solo de entretener ocios con los libros que leen. Procede el nombre del protagonista de la en España llamada Pasión de los fuertes, de John Ford. En ella, Henry Fonda le pregunta al camarero, J. Farrell MacDonald: «Mac, ¿nunca has estado enamorado?», a lo que responde el barman: «No, yo he sido camarero toda mi vida». Nuestro Mac, expulsado del mundo laboral por la crisis inmobiliaria y ya de una edad, vive en el barrio del Coyote, donde residiera (de ahí el nombre) el novelista José Mallorquí. Decide escribir un diario de las cosas (anodinas o conflictivas) que le pasan. Un día se le ocurre una idea. Un vecino suyo, Sánchez, al que la fama literaria le había alcanzado de lleno renegaba un tanto de cierta obra de juventud (Walter y su contratiempo), con héroe ventrílocuo y con pasajes («plúmbeos momentos», página 109) tan confusos que sólo el mucho alcohol de cuando la escribió podrían si no justificar al menos explicar. Pues bien, Mac decide reescribir ese libro, cambiándole lo que nada le gusta (sobre todo los epígrafes iniciales). Un ´editor´ (se descubre en la nota de la página 254) nos ofrece tal diario-novela-ensayo. Dos partes, pues: el diario con el proyecto y el propio proyecto.

Creo que mucho me agradecerá el lector de estas líneas la enumeración de los títulos que llevan dichos relatos y las infuencias que los alumbraron, pues en el artefacto (acaso así se pueda nombrar) de Vila-Matas se entremezclan en su primera escritura (la de Sánchez) y la reelaboración de Mac: Yo tenía un enemigo (Cheever), Duelo de muecas (Djuna Barnes), Ríe todo el teatro (Borges), Algo en mente (Hemingway), Dos viejos cónyuges (Raymond Carver), Un largo engaño, Carmen, El efecto de un cuento, La visita al maestro y El vecino. Escribía el poeta Antonio Martínez Sarrión en sus Ocho elegías con pie en versos antiguos: «A estas alturas, vida mía, / sólo se trata ya de correcciones / ¿Por qué no repetir y repetir?». Todo es repetir, plagiar, modificar, a ciertas alturas de la edad, todo lo que nos queda son modificaciones. Leemos en el diario (p. 77): «Venimos al mundo para repetir lo que quienes nos precedieron también repitieron. Ha habido avances técnicos, supuestamente importantes, pero en lo humano seguimos idénticos, con los mismos defectos y problemas. Imitamos, sin saberlo, lo que han intentado hacer los que nos han precedido. Todo son intentos y muy pocas realizaciones que, además, cuando se dan, son siempre de segunda fila. Se habla de nuevas generaciones, cada diez o quince años, pero cuando uno analiza esas generaciones que a primera vista parecen distintas solo ve que repiten que es urgente y necesario suprimir a la precedente y, por si acaso, también a la que precedió a la precedente y que en su momento trató de borrar a la que la precedía».

Por ahí va la cosa, por una crítica a la tan valorada ´voz propia´, que tal vez no sea más que repetición de antiguas voces, o corrección de las mismas, o modificación, o reescritura, o plagio tantas veces. Para mantener la tensión lectora, amén de muchos fugaces encuentros con gracia y tirón, Vila-Matas recurre a cuentos, a relatos orales, a historias intercaladas (espléndida la narración del mendigo descamisado en la página 173), así como a lo que el autor nos ha malacostumbrado: citas y citas a cual más atinada, o apotegmas del tipo «la idiotez no es un defecto de época», p. 119. Y más constantes vilamatianas: parrafazos armados con recursos literarios, por ejemplo, la polisíndeton (pág. 67) de un «lenguaje confuso que espero poder reproducir aquí ahora»: «La veía como si fuera un gran río y como si su súbita condición de corriente de agua y no de hermana€.»; o las teorizaciones a las que al comienzo aludí: «Las novelas dramatizan a veces demasiado unos sucesos que en la vida real suelen producirse de un modo más sencillo o irrelevante, sucesos que van y vienen y que se atropellan entre ellos, que se suceden sin tregua, superponiéndose los unos a los otros, circulando idénticos a nubes que el viento desplaza entre engañosas pausas que se revelan finalmente imposibles, ya que el tiempo, que nadie sabe qué es, no cesa nunca» (p. 205).

Mac y su contratiempo ya escala puestos en las listas de ventas que desde ya tiempo atrás encabeza Patria. La literatura, propiamente dicha, sigue teniendo lectores. Por muy compleja que parezca o gracias a su complejidad.

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