Buenos días

Tokio ya no nos quiere

03.05.2017 | 19:14
Tokio ya no nos quiere

Solemos acordarnos de ella cuando nos falla. La culpamos de nuestros despistes y la maldecimos cuando, sin avisar, entra y arrasa con todo o nos devuelve recuerdos equívocos. Como escribió Ray Loriga –que la semana pasada estuvo en el ciclo de Escritores en su tinta– «la memoria es el perro más estúpido, le lanzas un palo y te trae cualquier cosa». Sobre todo a esta velocidad tan frenética a la que conducimos nuestros días y nuestras vidas. Quiero pensar que empleamos las redes sociales como herramienta contra la desmemoria (y no por puro exhibicionismo) para mantener a salvo algunos de nuestros recuerdos. Sin embargo, los más valiosos no caben en el muro de Facebook. A menudo, ni siquiera la mejor lente los puede cazar en su plenitud, ni la canción más inspirada los consigue embotellar convenientemente. Y eso que haberlas, haylas. Así que no es raro que la desmemoria nos sorprenda, más aun por esa extraña cualidad de los recuerdos de mutar con el tiempo y que, incluso siendo compartidos, siempre los hace diferentes. Hay valientes que, cargados con el peso de toda una vida de recuerdos, pelean hasta el último momento por no perderlos a ellos junto con su identidad. Los que afortunadamente no libramos esa guerra deberíamos atesorarlos como se merecen. Los dulces y los amargos. Le debemos mucho a la memoria, más incluso a la colectiva, que nos libra de repetir errores fatales que llenan los libros de texto. Casualmente, a ésta le prestamos aún menos atención que a la propia y si no que se lo digan las asociaciones de Memoria Histórica, a las que tanto trabajo les queda por delante. Y así, mientras el tiempo pasa a contrarreloj para la memoria, hay quienes pelean por rescatar parte de nuestra identidad común, así como por recordar a los que ya no están pero nos trajeron hasta aquí, frente a otros que eligen voluntariamente la amnesia, más afines a esa otra frase de Loriga que dice que «es el recuerdo, no el olvido, el verdadero invento del demonio».

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