Por si encaja

Echarles de comer aparte

02.03.2017 | 00:17
Echarles de comer aparte

Junto a Arsenal, Liverpool y United pero antes que ellos, el Huddersfield Town es el único equipo que ha conquistado tres ligas consecutivas en la first division. A la mayoría ni les sonará porque hace casi un siglo y ha habido épocas en que no ha sido fácil dar con él. Hoy es un gallito en Segunda de la mano de un íntimo de Klopp que ha ido al rescate con un método que se conoce ya como la revolución Wagner. El teutón se llevó a la plantilla en pretemporada a unas islas vírgenes (y deshabitadas, claro) de Suecia, sin electricidad ni baños ni güifi ni balones, donde el grupo se buscó la vida pescando en canoa, se volvió loco para dar con agua potable y armar las carpas. «Lo hicimos incómodo –argumentó el mister– porque la Championship carece de comodidades». Va a ser más fácil subir que captar jugadores para el veranito como no lo consigan.

A principios de los setenta cogió al Sevilla Dan Georgiadis, natural de Ítaca. Sustituyó a Max Merkel, Mister Látigo, que hacía subir y bajar la grada a los componentes del plantel cargados con sacos de arena. Su sucesor era un hombre exquisito e instruido, que venía de Sudamérica donde en el Alianza de Lima metió a los futbolistas en la cárcel entre semana para que no delinquieran, entrenaban dentro y salieron campeones. Aquí, la sesión vespertina la dedicaba a cultura y urbanidad y en los viajes interrogaba acerca de ante qué tipo de columna con capitel se encontraban. Es posible que hasta este año con Sampaoli no haya vuelto a jugar con el dominio y el gusto que lo hizo habitar la zona alta durante la primera vuelta. Pero, en una mini gira a su tierra en que incluyó visita a su adorado San Nectario y la plantilla se pitorreó del tamaño, el idilio quebró y el equipo descendió increiblemente. Durante décadas sombrías embajadas de seguidores fueron a la parroquia de Egina para reparar la afrenta y pedir por el fin de la maldición. En los últimos años los que se acercan son béticos que lo adoran y con gran respeto y devoción le dicen al santo: «Pero hijo mío, qué blandito te has vuelto».

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