Cartagena D. F.

El relevo

25.02.2017 | 01:04
El relevo

Un colega de una emisora de radio local introducía esta semana una de las noticias del informativo de una forma curiosa. En concreto, anunciaba las declaraciones del alcalde de Cartagena, José López, sobre la situación judicial del presidente de la Comunidad, Pedro Antonio Sánchez, tras ser citado a declarar como investigado por el Tribunal Superior de Justicia de Murcia en relación al caso Auditorio. El locutor advirtió de que le había sorprendido la reacción del regidor, quien reclamó paciencia y tiempo para que se deje trabajar a los jueces y que no merecía la pena estar toda la semana en los telediarios nacionales por esta cuestión, que total, queda una semana para que la máxima autoridad regional declare y salgamos de dudas.

Lo que no explicó el radiofonista es por qué le sorprendió esta respuesta del alcalde. Pero sí lo hizo ayer, en su columna en este diario, mi también colega Paco Escudero, quien resaltó que extraña que López se muestre tan prudente y salga en defensa del presidente, cuando se ha caracterizado, al menos hasta anteayer, por ser un azote del Partido Popular y de denunciar hasta la saciedad la supuesta indecencia de esta formación política. El ahora alcalde convirtió prácticamente en una estrategia las denuncias en los tribunales contra el PP, tanto las suyas, como las que presentaban otros, y no se mordía la lengua para criticar el despotismo de su antecesora, Pilar Barreiro. Y lo cierto es que le funcionó y, ahora, ocupa el sillón de la presidencia en los plenos municipales.

Sillón que ocupó López el jueves durante siete horas, en un pleno maratoniano matinal y una propina vespertina e innecesaria que podía haber quedado resuelta por la mañana, pero parece que todos querían más minutos de gloria en la aprobación para crear una comisión de investigación sobre la compra del hotel Peninsular por parte del Ayuntamiento. Tuve la oportunidad de seguir el pleno del jueves a través de la web municipal, algo que les recomiendo que hagan para ver qué ocupa y preocupa a nuestros representantes políticos más cercanos. La experiencia resultó más entretenida de lo esperado y sacar conclusiones de algo más de una hora de visionado de una sesión que se alargó hasta más de cinco puede ser precipitado. Sin embargo, es fácil vislumbrar por dónde van las filias y las fobias entre unos grupos y otros.

El PP, a pesar de ser la formación más nutrida, con diez concejales, se tiene que conformar con verlas venir. Hasta hace dos años, estaba acostumbrado a unos plenos rutinarios en los que aprobaba todas las mociones de sus ediles y rechazaba prácticamente todas las que venían de la oposición. Aplicaba el rodillo, pero ahora, son ellos la oposición y ya no mandan nada de nada. Tienen que resignarse a que el alcalde-presidente lleve y aplique el bastón de mando, con algún que otro comentario lo suficientemente alto criticando que reclamen ahora lo que no han hecho durante sus 20 años de gobierno.

El PSOE y, en concreto, su vicealcaldesa, Ana Belén Castejón, se muestra conciliadora y respetuosa y, al menos el jueves, la vi cariñosa de más con Ciudadanos, al agradecerle a su portavoz, Manuel Padín, el tono constructivo y positivo de sus propuestas. Seguramente, no tenga nada que ver con que, en poco más de tres meses, puede necesitar de los tres votos de los ediles del partido naranja para llegar a la prometida Alcaldía. Y la verdad es que Padín y compañía se dejan querer, conscientes del protagonismo que han recobrado, al ser el nuevo partido bisagra que garantice la gobernabilidad de Cartagena. Porque viendo cómo se tratan en los plenos la portavoz de Cartagena Sí Se Puede-Podemos, Pilar Marcos, y el alcalde José López, se antoja difícil que los morados den su apoyo a ningún Ejecutivo en el que esté quien sí lo obtuvo para gobernar hace dos años.

Con todo, lo más llamativo para mí del pleno de esta semana es la actitud del propio José López. Se le ve mucho más comedido, aunque quizá sea más exacto decir contenido. Quedan muy lejos los días en los que se enzarzó en una disputa verbal con el concejal del PP, Álvaro Valdés, al que llamó ´indecente´. Y aún más la imagen de la Policía Local desalojando a los ediles de Ciudadanos por orden del regidor. Nadie que asistiera hoy a un pleno, se imaginaría que las tensiones entre MC y C´s pudieron llegar a tanto. Impresiona el respeto y la comprensión con la que dialogan López y Padín entre sí ahora.

Probablemente, muy bien aconsejado, el alcalde ha rebajado su tono, no sólo en los plenos, también en sus comparecencias públicas. Sigue siendo el de siempre, pero parece que reflexiona antes de hablar y decir lo que piensa. Es como si fuera menos a la defensiva y eso le hiciera ser menos ofensivo. O quizá simplemente esté disfrutando de la prevista recta final de una etapa en la que ha llegado a ser alcalde de su ciudad, con la satisfacción de que, si bien ha recogido muchas críticas por sus formas, ha sembrado en muchos la semilla de la confianza en un alcalde que abandera la lucha por su tierra.

¿A qué, si no, se debe ese cambio?

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