La Feliz Gobernación

Puerto Mayor: el mal ya está hecho

01.02.2017 | 04:00
Puerto Mayor: el mal ya está hecho

¿Cuántas campañas electorales podrían financiarse con la construcción de Puerto Mayor? La pregunta es tan incorrecta que tendría que haberla consultado con mi abogado, pero se me ha acabado la batería del móvil y no puedo llamarlo. Lo cierto, al día de hoy, es que los hijos de Tomás Maestre están peleados entre sí, carecen de una estrategia concertada y, por lo demás, da la impresión de que no disponen de los recursos que permitirían abordar un proyecto de esas características. A estas alturas es un problema de confianza y discreción. ¿Qué Gobierno podría fiarse de una familia en la que cada cual va por su lado y no hay, como cuando vivía el patrón, una referencia única? Mejor cambiar el modelo de la actuación.

Para dar la vuelta a las cosas, según conveniencia, aparece el Consejo Jurídico. Un órgano que siempre ratifica la política del Gobierno como corresponde a la lógica de su composición. Pero que no se diga que el Gobierno está contra la construcción de Puerto Mayor, a no ser que ayer mismo cambiara de opinión. Ramón Luis Valcárcel me aseguró hace años que no se podía oponer al proyecto porque «supondría prevaricar», dado que existía una autorización de la era de Franco. Y ya se sabe que hay políticos que muestran grandes escrúpulos ante la prevaricación siempre que la iniciativa a la que debieran oponerse les complazca. Recordemos que uno de los miembros del Consejo de Administración de Puerto Mayor era Antonio Sánchez Carrillo, presidente de la Comisión Electoral del PP y uno de los grandes factotums del partido, mano derecha de los Valcárcel, es decir, de la casa. Cuando en su día publiqué ese dato, el entonces presidente de la Comunidad se hizo el longui: «No lo sabía», me dijo al poco de sentarse conmigo junto a su jefe de Comunicación en un reservado del restaurante de El Corte Inglés, para añadir, qué casualidad, que se había encontrado minutos antes con Sánchez Carrillo en una de las escaleras mecánicas de acceso al centro comercial y había aprovechado para afearle esa colaboración. Carrillo, que dimitió al poco (es decir, al verse descubierto) se justificó después en que su implicación en el Consejo de Puerto Mayor era estrictamente técnica, para asesorar sobre las ´clavestacas´, algo así como si Tomás Maestre fuera gilipollas y no supiera a quién fichaba.

Todos los datos, actuaciones y hasta declaraciones de la oficialidad coinciden en constatar que Puerto Mayor es un proyecto compartido por el Gobierno regional, el de antes y el de ahora. Basta recordar la estupefaciente encuesta de este último verano, a saber realizada por quién y cómo, en que se pretendía colocar a Puerto Mayor como uno de los proyectos prioritarios para el desarrollo de La Manga, si bien camuflado en cuarta o quinta posición de la demanda para no llamar en exceso la atención sobre el fraude evidente de la consulta.

Ahora bien, visto que los Maestre no dan ya mucho de sí y no cuentan con el vigor y la actitud decidida del padre, lo de Puerto Mayor se ha convertido en un lastre, y alguien ha decidido dar lustre a la zona con otro proyecto, teóricamente más presentable y convencional, una especie de centro comercial La Vaguada, esa meca madrileña para compradores compulsivos. Sin embargo, nunca volverá a existir una playa en ese lugar, pues lo que hay es un puerto perfectamente construido a falta sólo de la estructura exterior. Una vista aérea de la zona lo confirma. Y alguien podría decir que rematar la instalación ya creada sería la solución para descongestionar el Mar Menor, aliviando la presión al Puerto Tomás Maestre ya existente en él. Estoy por asegurar que, contra el dictamen del Consejo Jurídico, lo mejor sería dar vía libre al puerto, ya que la obra está hecha y la Administración se ahorraría el inevitable coste multimillonario para compensar las consecuencias de la inseguridad jurídica que afectaría a los promotores.

Abrir el puerto sin los añadidos de la viviendas y las instalaciones que se pretendía colgarle sería, tal vez, la mejor solución, pues el mal, si las obras en el mar lo fueran, ya está hecho, y la zona es irrecuperable para otros usos. Pero tal vez, precisamente porque todo está ya hecho, no salgan las cuentas para pagar futuras campañas electorales. Si don Tomás levantara la cabeza...

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