El Castillete

PSOE: La tormenta perfecta

La defenestración de Sánchez no ha sido una pugna entre la izquierda y la derecha sino por una diferente percepción sobre cómo minimizar el hundimiento

16.10.2016 | 14:15
José Haro Hernández

El devenir histórico, en su caprichoso azar, ha determinado que en torno al PSOE confluyan dos grandes borrascas en un momento preciso, el presente, que confieren a la zozobra por la que pasa este partido la condición de tormenta perfecta. La primera de estas crisis nos remite a la que afecta al conjunto de la socialdemocracia europea, carente de un proyecto alternativo al neoliberalismo desde que éste irrumpiera con fuerza en Europa tras la caída del muro de Berlín. Efectivamente, la ofensiva del capital contra el Estado del Bienestar, el Contrato Social y la Fiscalidad Progresiva (tres cuestiones estrechamente interrelacionadas), no ha encontrado apenas resistencia en el seno de una socialdemocracia diluida en la globalización y cuya dirigencia se ha insertado definitivamente (salvo honrosas excepciones) entre las élites.

Recordemos, a este respecto, que fue la socialdemocracia alemana, de la mano de Schröder, la que alentó, a través de la agenda 2000, las políticas de austeridad y devaluación salarial que se han extendido al conjunto de Europa, materializando el marco teórico que había inspirado la Tercera Vía británica de Blair, miembro del trío de las Azores.

El PSOE, ya en los años 80 del pasado siglo, había puesto en práctica una política de desmantelamiento industrial, privatizaciones y reformas laborales y de pensiones, que sentaron las bases de la actual depauperación social que vive este país, provocando el envalentonamiento de una derecha posfranquista que, liberada de complejos por mor de las políticas de los gobiernos socialistas, profundizó en ese plan de degradación de las condiciones laborales y sociales. En 2010, es el Gobierno de Zapatero el que inicia los recortes y salvamento de bancos que después profundizó Rajoy. En suma, el PSOE, al igual que la mayoría de sus homólogos europeos, se ha acoplado a esta forma de capitalismo que se está resarciendo con creces de las concesiones que tuvo que hacer en Europa entre 1945 y 1980.

A esta crisis común al conjunto de la socialdemocracia, a los socialistas españoles se les ha añadido, para su desgracia, otra: la del propio Régimen de 1978. El partido de Felipe González ha sido, desde la Transición, el principal soporte de aquél, construido bajo el predominio absoluto de las fuerzas conservadoras que cimentaron el franquismo, las cuales se limitaron a cooptar a las nuevas burocracias partidistas, oligarquizándolas, a través de las privatizaciones, las puertas giratorias, la inserción en el sistema financiero (cajas de ahorro) y la propia corrupción como medio de financiación de los partidos del Régimen. Cuando éste entra en crisis porque hace aguas su modelo social, institucional y territorial, los sectores más conservadores y alienados de la sociedad se aglutinan en torno al PP, pero el PSOE queda desdibujado y sumido en una fuerte crisis de identidad, que le acarrea una progresiva pérdida de apoyo por parte de los sectores progresistas, en la medida que éstos perciben que el partido al que hasta ahora habían votado presenta las mismas muestras de agotamiento que el sistema político y económico del que emanan recortes y corrupción.

En realidad, la defenestración de Sánchez no ha sido una pugna virulenta entre la izquierda y la derecha del partido, pues aquélla se circunscribe a una minoría marginal. La discrepancia entre ambos sectores se limitaba a una diferente percepción sobre cómo minimizar el hundimiento de la organización: unos, los de Sánchez, pensaban que diciendo no a Rajoy y yendo a nuevas elecciones; otros, los de González y Susana, evitando precisamente esos nuevos comicios a través de la abstención en la investidura del candidato popular. Prueba de que no hay una brecha ideológica insalvable entre ambas corrientes es que gran parte de quienes decían que ´No es No´, ahora estudian el argumentario para justificar la abstención.

Y es que el PSOE se encuentra atrapado entre la necesidad de ser la alternativa electoral al PP y la impotencia política de serlo realmente. Quiere estar con el sistema, pero aparentando que no lo está. Y eso, a estas alturas, es imposible.

joseharohernandez@gmail.com

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