Así somos

El poder del marco oscuro

12.10.2016 | 23:00
José María Martínez Selva

El lingüista Georges Lakoff ha contribuido a la comunicación política con el concepto de 'marco', que es la forma de presentar un mensaje de manera que provoque una perspectiva específica para describirlo y valorarlo. El marco verbal suscita emociones más o menos intensas y más o menos positivas, esenciales en la labor de seducción y persuasión del político. Crear un marco favorable beneficia siempre los mensajes de uno y resta fuerza o diluye los del adversario, quien pierde margen de maniobra y, para no caer en la trampa, dará rodeos y evitará pronunciar ciertas palabras.

Así, 'crisis' o 'salida de la crisis' son marcos apropiados para muchos mensajes económicos. Hace años, evitar caer en el marco lingüístico del contrario llevó a miembros del Gobierno español a eludir durante meses la palabra 'crisis'. Utilizar la palabra crisis habría significado reconocer su existencia y asumir su incapacidad, o imposibilidad, de explicarla, evitarla o afrontarla. Tampoco habrían podido decir que 'no había tal crisis', lo que no sólo no era verdad, sino que chocaba con la percepción de la gente de la calle. Recientemente, el líder del partido socialista Pedro Sánchez ha creado uno de los marcos más brillantes y fatídicos: «No a Rajoy» ¿quién de izquierdas se iba a oponer? Oponerse equivalía a decir «Sí a Rajoy» y convertirse en poco menos que en seguidor y votante suyo. Otros ejemplos han sido: «No a la guerra», «crear crispación», «la casta» o el franquista y fraguista «XXV años de Paz». Oponerse al «no a la guerra» equivalía a decir «sí a la guerra»: ¿dónde se puede ir con tal mensaje? Por su parte, acusar a la oposición de «crear crispación» por sus críticas al Gobierno encerró en un marco lingüístico a la oposición. Si hacía labor de crítica, por muy constructiva que fuera, estaba «creando crispación», es decir molestando e inquietando a los ciudadanos con acritud y sin motivo. Por el contrario, si no criticaba al Gobierno y no «creaba crispación» ¿qué podía hacer entonces la oposición? Se veía empujada por necesidad a disminuir sus ataques. Hablar despectivamente de 'la casta' refiriéndose a los políticos lleva a situaciones parecidas. Si un político dice algo, quien se expresa es en realidad la casta, lo que debilita su mensaje y justifica rechazar todo lo que diga. Si se emplea la palabra se admite no sólo la existencia de una élite despreciable, sino también su pertenencia a ella ¿quién va a defender entonces a 'la casta' si quienes lo pueden hacer forman parte de ella?

El punto débil del 'marco' deriva de su naturaleza artificiosa, puramente verbal, y de su finalidad: un buen marco no va más allá de ser una trampa lingüística, útil durante un tiempo para la comunicación política, ganar adhesiones y dejar mal al contrario. Pero si se queda sólo en eso el marco está oscuro, vacío y sin fuerza. No hay una propuesta de acción clara y poco a poco pierde fuerza. Quien ha creado el marco puede caer en su propia trampa.

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