Pensando en voz alta

Contra la enseñanza biligüe

10.10.2016 | 04:00
Francisco Marín

En este país nuestro, aún llamado España, a mucha gente le gusta más aparentar que ser. Hay quien da más importancia a una etiqueta que al recipiente que la soporta. Este preámbulo viene a cuento por lo siguiente: llevo mucho tiempo preguntándome por la razón de ser de la llamada enseñanza bilingüe sobre todo en inglés y si realmente es necesaria. No son preguntas baladíes a la vista de mi experiencia docente y el estar en contacto con varios Centros de Formación. Vivimos en una sociedad en la que el miedo al ridículo está muy arraigado, donde expresarse en público de pavor y, según se ha visto y se ve, la genética española no da mucho de sí en el aprendizaje de un idioma extranjero.

Como he señalado, 'el parecer' sí va en la sangre española y es por ello que a los políticos de turno les importa bastante más que en los frontispicios de los centros de enseñanza aparezca la palabra 'bilingüe' que lo que ocurra en su interior. Dicho de otra forma, el empeño de desarrollar programas bilingües sí o sí, es más por una cierta rentabilidad política que por necesidad real del mercado.

Hay profesores en distintas Comunidades que se están posicionando y dando la voz de alarma y más de un toque de atención. Recientemente, uno de ellos, en una especie de misiva dirigida a los padres, dice: «Si cree usted que sus churumbeles van a hablar inglés cuando salgan a la Universidad, siento defraudarle, pero no. El bilingüismo es una gran estafa?». Sigue este docente diciendo que en sus veinte años de experiencia, salvo hijos de familias mixtas emparentadas con la pérfida Albión o de elevadísimo nivel sociocultural, jamás ha conocido a nadie capaz de mantener una conversación en inglés con una cierta altura. Ratifico todo lo señalado por este profesor. Otra pregunta es: ¿Los profesores que imparten la docencia bilingüe están perfectamente preparados para impartir Matemáticas, Filosofía, Lógica, Conocimiento del Medio, Literatura, etc.? Añade nuestro amigo: «Yo, también supuestamente, soy un profesor bilingüe, pero confesaré que no soy capaz de leer al Shakespeare original (no conozco a nadie capaz sin años de estudio). Vuelvo a preguntar a los demás profesores bilingües? ¿Se encuentran en la misma situación?».

El asunto me apasiona, sigo investigando, sigo preguntando aquí y allá, y alguien que de esto sabe más que yo me dice: «No está claro que la mejor forma de aprender una lengua extranjera sea usarla como lengua vehicular al enseñar Matemáticas, Ciencias de la Naturaleza o Historia de España». La ilusión bilingüe se convierte así en una manera involuntaria de dar por buenos para los oyentes ciertos vicios fonéticos del spanglish.

Tengamos en cuenta que otro aspecto del programa bilingüe es su efecto en la comunicación entre el docente y el estudiante en las materias impartidas en lengua extranjera. La limitación resulta trivial. La capacidad aunque sólo sea léxica del comunicador está limitada, la comprensión del oyente está limitada, la interacción está limitada. Se está usando un vehículo más lento porque no es el propio. El objetivo de mejorar la capacidad de comunicación en otra lengua se ralentiza de una manera brutal.

Observamos también que las familias tienen que enfrentarse a una consecuencia derivada de matricular a sus hijos en un programa bilingüe y es la necesidad de un apoyo externo, bien sea en el propio entorno familiar, bien en academias o clases particulares. El programa complica, por otra parte, el acceso a los contenidos para muchos alumnos así que sus padres no optan por este modelo.

¿Dónde radica el supuesto éxito de este programa? El éxito de los programas bilingües entre las familias se explica, supuestamente, por una ley de masas: Se elige estar dentro para no estar fuera. Las agrupaciones a que obligan las secciones bilingües tienen un efecto segregador evidente y los padres perciben nítidamente la distinción que supone incorporarse a esos grupos y el riesgo que entraña quedar fuera de ellos. La propaganda institucional alimenta también el pretendido prestigio social del 'bilingüismo' y son muchos los que presumen de la categoría bilingüe del colegio de su prole.

Internacionalmente, el programa bilingüe no tiene muchos defensores. En Europa no hay muchas experiencias similares, no existe o la incorporación de la lengua extranjera como vehicular es más tardía. Por algo será.

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