Pulso político
PSOE 

Aulas de salud

10.10.2016 | 04:00
Consuelo Cano

¡Hace unos días aprobamos en la Asamblea Regional una moción para instar al Gobierno regional a la realización de una experiencia en centros docentes relacionada con la salud. El nombre de tal experiencia era obvio: Las Aulas de la Salud.

Docentes, familias, técnicos de la salud de diferentes ramos y políticos tenemos la sensación de no estar llegando al fondo de un problema latente en la sociedad, inscrito en nuestros valores culturales, entendidos como el conjunto de modos de vida y costumbres, conocimientos y grado de desarrollo artístico, científico, industrial, en una época, grupo social, etc
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¿Es la salud algo más que un estado de normalidad en el funcionamiento del organismo? Parece que sí, que la salud va más allá tanto en su dimensión individual como en su perspectiva pública, entendida como un conjunto de condiciones mínimas que los poderes públicos tienen la obligación de garantizar y proteger. Nadie duda de la importancia que las actitudes personales ante la vida determinan gran parte del desarrollo del ciclo vital de las personas, y que esto a su vez incide en la compleja relación de las respuestas de los sistemas sanitarios, incardinados asímismo en los sistemas económicos de las naciones. De esta forma, el tabaquismo, por ejemplo, excede la libertad de los personas desde el momento en que sus consecuencias incidirán a futuro en la asignación de recursos que la sociedad establezca para dar respuesta a ese uso de la libertad personal de someterse a los riesgos de esa práctica.

Así, una decisión individual debe mirarse en el espejo del análisis del coste de oportunidad que han de realizar los responsables de la asignación de los recursos públicos. No me negarán que, al menos, el planteamiento de esta cuestión merece algún debate.

En la inteligencia que gran parte de las conductas que amenazanan la salud por decisiones individuales que podemos definir (perdón por la reducción) de erróneas, y otorgando certeza a la estrecha relación de causa y efecto entre ciertas conductas de riesgo y sus futuras consecuencias, no es descabellado pensar que los poderes públicos, acatando los deberes a que las leyes les impelen, deberían plantearse su intervención en estos aspectos implicando en la tarea a toda la sociedad.

La intervención reactiva es la que todos conocemos, ´me duele y voy al médico´. Pero los poderes públicos y la sociedad pueden y deben anticiparse a la respuesta meramente reactiva, y de hecho esa corriente ya es imparable en el actual modelo de gestión pública de los recursos. Anticipar y educar para evitar las consecuencias perversas de los hábitos erróneos es una estrategia que apunta directamente a la bolsa de las economías occidentales, y esto se dice poco, a la, digamos, bolsa de felicidad de la población.

Establecer los límites de esa intervención es un debate apasionante que concita la presencia y concurrencia de todas las inteligencias para llevar a niveles aceptables el bienestar de la población. También parece que no hay mucha discusión (es preciso encontrar todos los lugares comunes) acerca de las fuentes aquellas donde más fácilmente es posible operar sobre los hábitos en que se inician en las personas: La familia, la escuela y el grupo. Construir un valor Salud en el entorno de nuestros jóvenes no es una tarea sencilla, pero no necesariamente cara.

Dice la ONU en su informe Fomento de la salud a través de la escuela que uno de los principales obstáculos para unas acciones eficaces en la materia son las discrepancias políticas. Opino que con independencia de los valores que abrace como banderas indiscutibles cada ideología u opción política, existe una vasto terreno común respecto de la salud de nuestros hijos en el que hay mucho más acuerdo que discrepancia.

Es preciso sacar de esta reflexión todo el asunto relacionado con la atención de los menores que necesitan de un tratamiento in situ de sus dolencias crónicas. Creo que eso nadie puede objetarlo y es preciso que el asunto quede definitivamente zanjado en nuestra región. No puede verse ni un día más a los padres de niños con dolencias crónicas esperando en la puerta del colegio para administrar el cuidado y los tratamientos que sus hijos precisen. No obstante, la idea que hemos propuesto para poner en marcha puede zanjar de una forma más equilibrada este problema.

Las Aulas de Salud se basan en una costura imprescindible donde se deben tejer los servicios públicos de salud y educación. Es un espacio donde convergen ambas responsabilidades públicas. Y es precisamente esa convergencia la que debe asegurar, de un lado la atención reactiva sobre lo que ya manifiesta necesidades de tipo asistencial, y de otro las acciones eficaces que provoquen en los centros educativos una cultura de la salud. Por eso es preciso que se implique directamente a los protagonistas de esos procesos, utilizando los recursos existentes y dotando ex novo aquellos que no estén en el sistema. Lo demás „que no es poco„ es cuestión de organización y propósito.

El alcance de las actuaciones viene determinado por las necesidades y las percepciones actuales. Asuntos como el tabaquismo, la ingesta de alcohol, las drogas y otras adicciones, los hábitos alimentarios, las relaciones sexuales de riesgo, la violencia de género y el acoso escolar son campos donde es posible actuar de forma coordinada en los centros escolares (las estrategias de propaganda social para apuntalar estas medidas son harina de otro costal) y sobre los que es posible encontrar un alto nivel de consenso en nuestra sociedad.

Disponemos, hay que afirmar, de excelentes profesionales ya incardinados en la experiencia docente como los departamentos de orientación de los centros, fisioterapeutas y profesores. Es preciso completar el esquema con la entrada de la enfermería y psicólogos que junto con las familias y la red sanitaria existente completen el proyecto capaz de detectar, prevenir y promover la salud.

Sería posible entonces, construir un esquema de conocimiento y atención a la salud de nuestros menores. Una referencia estable y permanente sobre todos los asuntos que día a día deben aprender a manejar y gestionar. Un conjunto de estrategias efectivas que desplieguen en el entorno mecanismos y herramientas para fomentar la responsabilidad individual.
Prueba de que todo esto nos interesa de verdad es que nadie votó en contra.

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