Tribuna libre

Contra las reválidas

09.10.2016 | 04:00

Tal vez usted no lo sepa, pero ahora mismo se está viviendo una situación de urgencia e indefensión que afecta a todos los estudiantes de Segundo de Bachillerato de la Región de Murcia y que tiene una solución muy sencilla que nos están negando, sin que nadie sepa la razón.

Estamos en octubre. Llevamos ya tres semanas de clase, y ni profesores ni alumnos sabemos cómo va a ser el examen que va a decidir el futuro, es decir, el ingreso a la Universidad de nuestros estudiantes. No estamos de brazos cruzados, claro. Los profesores vamos corriendo de un lado para otro, hablamos entre nosotros, espiamos a otras comunidades, interpretamos cada una de las declaraciones, leemos una y otra vez ese Real Decreto que aprobó, a traición, el 30 de julio, el último día posible, un Gobierno en funciones que no sabía qué pasaría en el futuro y que, además, estaba negociando con Ciudadanos paralizar los aspectos de la LOMCE que no estaban en vigor. Y las Reválidas eran lo único que todavía no estaba aprobado, y lo aprobaron, mientras negociaban, con la mayor de las clandestinidades y la peor de las intenciones.

Alguien puede estar pensando: pues da igual, que estudien lo que tienen que estudiar, y aprobarán el examen. Pero eso no funciona así. Pondré un ejemplo de mi materia, Lengua castellana y Literatura. Con la antigua PAU, el examen lo ponía la Universidad, pero había dos o tres reuniones anuales en las que los profesores de Bachillerato nos reuníamos con el Coordinador, y se comentaban y discutían las características del examen, los posibles cambios, los aspectos más importantes. Así, por ejemplo, en Lengua y Literatura, sabíamos, desde el primer día de clase, que había tres lecturas obligatorias, que las preguntas de Literatura versarían sobre dichas obras, y que habría un texto periodístico para una pregunta de comentario. Los profesores y los alumnos sabíamos, por lo tanto, en qué aspectos centrarnos para que los resultados fueran los mejores y poder garantizar una buena nota que posibilitara que los jóvenes pudieran acceder a la carrera deseada.

Pero este año no hay coordinación. Hay una ley que dice todos los contenidos que los alumnos deben dominar. Y ni ellos ni nosotros sabemos si habrá un comentario de texto lingüístico, o uno literario, o los dos, y no sabemos si habrá preguntas sobre unos libros en concreto, y creo que todos pueden imaginarse que estudiar así, sobre el vacío, sobre la nada, es algo realmente difícil, porque hay poco tiempo, y muchos contenidos, en cada una de las asignaturas.

Alguien habrá escuchado declaraciones tranquilizadoras, del tipo «que no se preocupe nadie, que todo va a ser igual, que apenas habrá cambios». Tal vez se las hayan creído, pero escribo esto para decirles que son mentira. Una enorme mentira. Porque las personas que están diciendo esas tranquilizadoras palabras no saben tampoco cómo va a ser la prueba. Y no lo saben porque, en un alarde de desfachatez y desprecio por todos los alumnos y los profesores, ese Real Decreto veraniego del 30 de julio, que con tanta urgencia se aprobó, informaba de que las características de la nueva prueba se enviarían a las Comunidades el 30 de noviembre. En ese documento que ahora mismo debería estar preparándose (si bien tengo mis dudas), se informará a las Comunidades Autónomas de aquellos elementos que las pruebas deberán incluir obligatoriamente. Y con ese documento, a partir ya de diciembre, las Comunidades autónomas se reunirán con las Universidades y elaborarán una prueba acorde con las órdenes del ministerio. Esto, traducido a Murcia, significa que es muy probable, teniendo en cuenta las vacaciones navideñas, que ni alumnos ni profesores sepamos nada de cómo será ese decisivo examen hasta bien entrado enero, en el mejor de los casos. Para entonces, será demasiado tarde. Algunos profesores habremos fallado al apostar por el Comentario Literario, otros habremos fallado al apostar por el antiguo Comentario Crítico, otros habremos metido la pata al pensar que no habría preguntas tipo test. Porque es imposible hacer hincapié en todos y cada uno de los aspectos de un temario inmenso, y porque no es lo mismo preparar un tipo test que un comentario de texto. El pato lo pagarán los alumnos que no puedan entrar en la carrera deseada, y no me gustaría estar en el pellejo de uno de esos alumnos a los que le darán un examen que no entenderá, en el que habrá preguntas que no sabía que podían estar ahí, para las que no ha sido preparado.

¿Entonces no hay solución? Sí, hay una muy fácil, y ha habido consejerías de Educación que ya han tomado la decisión correcta, que han pensado en los alumnos. La solución es prorrogar, este curso lectivo, dadas las circunstancias excepcionales, la PAU tal y como se venía desarrollando. Puede hacerse, porque este año la Reválida no tiene valor académico, y porque la LOMCE permite a las universidades hacer pruebas de acceso al margen de la Reválida. Bastaría con que la Consejería de Educación de Murcia siguiera el mismo camino. Es muy sencillo, solo tienen que hacerlo, solo tienen que pensar un poco en esos miles de alumnos que ahora mismo están perdidos y ansiosos. Es solo una decisión. Lo contrario, quedarse de brazos cruzados, seguir esperando a que llegue el 30 de noviembre, y luego empezar a pensar cómo hacerlo, y entrar en enero, y luego en febrero, es una cobardía, una forma de desprecio. Espero que nuestra Consejería tome la decisión adecuada.

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