Estelas en la mar

Lo que la crisis del PSOE solapa

05.10.2016 | 04:00
Lo que la crisis del PSOE solapa

Lloró Susana Díaz. Lloró mientras libraba una guerra extravagante, esperpéntica y sin cuartel para tumbar a Pedro Sánchez. Lloraba no por la sangre derramada, que eso en política ya viene descontado, ni por el ´apuñalamiento´ de quien ella había aupado dos años antes a la secretaría general del PSOE, sino por el espectáculo vodevilesco que unos y otros estaban ofreciendo al mundo. Por la chusquería de un golpe que abochornaba a propios y extraños. Pero el destino de Sánchez estaba escrito en la mañana del sábado antes de entrar al Comité Federal y nada ni nadie iba a impedir que se cumpliera. Ni un mínimo sentido del decoro político o del ridículo, ni los militantes que habían votado al secretario general en primarias o estaban en la puerta de Ferraz para apoyarlo.

Dándole la vuelta a las palabras de la sultana Aixa dirigidas a su hijo Boabdil, se podría decir que Díaz lloró como mujer lo que había sabido defender como hombre. Que nadie malinterprete esta metáfora de contextualización histórica que sólo pretende acercar dos hechos de naturaleza parecida. El caso es que, con mano de hierro y lágrimas en los ojos, la nueva sultana andaluza dio el golpe de gracia a un correoso y tenaz Pedro Sánchez, y mostrando su poderío se hizo con el control del partido. O eso cree ella.

La cuestión que se plantea ahora es qué va a pasar con la gobernabilidad. Aunque visto lo visto (¿para qué si no se ha montado todo este tinglado?), lo lógico es que tengamos Gobierno de Rajoy en los próximos días, con la abstención del PSOE, y elecciones tan pronto como el Parlamento empiece a poner alguna traba a este Gobierno. Un Ejecutivo monocolor que querrá funcionar como si tuviera mayoría absoluta, y someterá a chantaje a la Cámara, día sí y otro también, habida cuenta de la debilidad de Ciudadanos y PSOE, sus sostenedores por acción u omisión. A no ser que un Rajoy envalentonado tire por la calle de en medio y se vaya directamente a elecciones en diciembre para acabar de machacar a unos y a otros.

La desolación en la casa socialista contrasta con la alegría contenida que se ha vivido en la del PP. La opereta anti-Sánchez en la que no han faltado actuaciones estelares de personajes como Felipe González o Cebrián de El País nos ha tenido entretenidos toda la semana. Para regocijo de los populares, que temían de esos días lo peor y se han encontrado con lo mejor. La que se presentaba como una semana aciaga para ellos con los Blesa, Bárcenas, Rato y Correa compareciendo ante el juez por las tarjetas black, el desfalco de Bankia o la trama mafiosa de supuesta financiación ilegal del PP, ha resultado ser una semana de gloria en la que la batalla campal de sus oponentes ha eclipsado a todo este cortejo corrupto.

Y para alivio del otro Sánchez, ya el único, porque el primero acaba de caer, cuyo futuro judicial pende de un hilo. Mucho más, si cabe, después de que la Intervención del Estado haya confirmado irregularidades en la obra del Auditorio de Puerto Lumbreras, y que el juez del caso Púnica, Eloy Velasco, haya citado a declarar, en calidad de imputados, a una serie de colaboradores suyos para aclarar, tras el informe de la UCO de la Guardia Civil, su relación con los empresarios de la trama corrupta.

Con una imputación ante sí más que probable, sólo esquivada hasta el momento por su condición de aforado, Sánchez se prepara para resistir. Aferrado al sillón, cuenta con desnaturalizar el diccionario, violentar la semántica o retorcer la leyes para incumplir el pacto anticorrupción que tiene firmado. Piensa dar la batalla en la interpretación del acuerdo, haciendo lo blanco negro, para justificar su no dimisión. Y puede que lo consiga si, entre tanto, el PSOE vuelve a montar otro reality-show con lágrimas e insultos incluidos, que nos tenga entretenidos.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine