Pasado a limpio

¡Andá a los yuyos!

02.10.2016 | 04:00
Miguel Ángel Alcaraz Conesa

La temporada futbolística ha empezado... si es que acabó alguna vez. Los informativos nos saturan con noticias sobre los dos grandes. Los demás apenas tienen cabida. Y, por supuesto, los dos genios del balón, como si no existiera el premio Nobel ni el Cervantes. Este verano, como el resto de las estaciones, como el resto de los años, sus aspavientos y sus alardes no estrictamente futbolísticos denotan una iniciación cultural insuficiente. Hace mucho que Valdano no pisa el césped de los estadios y, la verdad, se echa en falta algo más de elegancia, siquiera para hacer gala de lo que algunos cantan en su himno.

Lo que tiene la fama y el oropel es un brillo diamantino que incluso desvela las sombras. Los actuales ídolos de la niñez no mejoran a los boxeadores y los toreros de los años 50 y 60, que, salvo honrosas excepciones, tenían una formación escasa, y suplían con coraje y encono sus ausencias en las clases de oratoria. La diferencia con aquella época es que vivimos en un país en el que el analfabetismo está desterrado, incluso para quienes lidian con el hambre. Los retratos que los chavales cuelgan de sus paredes no parecen el mejor ejemplo para el esfuerzo didáctico. Y a quién le importa hincar los codos, si las cuentas de los ídolos del balón reflejan ingresos equivalentes al de cientos, ¡qué digo! miles de asalariados. Pero hay algo que molesta y es la impostura, esa chulería de quien se cree dueño del mundo por dar patadas a un balón. Conocemos su hobby y sus aficiones cuando los entrevistan para el papel rosa; en sus ratos libres juegan a la Play Station. Tal vez si yo hubiera estado en su lugar no deambulara por estas páginas, no habría terminado mi carrera y probablemente no hubiese vuelto a abrir un libro, ni siquiera de los de Astérix.

Porque una cosa es cierta, se necesita mucha fuerza de voluntad para abrir un libro. La imaginación se encierra hoy mejor en la caja tonta y, no digamos ya los más modernos medios de suplantación de la realidad. A veces le llaman realidad virtual, ¿tal vez porque es más virtuosa que la realidad? ¿Y para qué sirve estudiar? Apenas se valora el trabajo manual, cuanto menos el intelectual. La emigración de hoy no es la de los trabajadores sin cualificar, ni los jornaleros de la vendimia, ¡es de titulados universitarios! Una sociedad que derrocha trabajo, tiempo y dinero para formar ingenieros, médicos, arquitectos, que emplearán su conocimientos allende los mares.

Pero, ¿hasta dónde llega la impostura? La crecida entre la fama y el dinero, la que se eleva sobre los mortales, citius,altius, fortius, es hija de la ignorancia y la arrogancia. La de quienes dirigen ese cotarro tiene algo más de pecado, porque se alimenta en la ilusión de los aficionados y se blanquea en las grandes lavadoras de un negocio a escala mundial. Tiene la impronta de los viejos fariseos, pues se muestran como los grandes paladines del deporte, hablan de sueños, de nobleza, de clamores y de ser más que un club; alzan banderas inventadas que no les corresponden y las exhiben con ínfulas extradeportivas. Pero claro, si se sientan junto a los políticos y hacen negocios con ellos, tampoco debería extrañar.

En mis no longevos años que tengo uso de razón, he asistido al nacimiento de no pocas ciencias y algunas artes sedicentes. La semántica suele ser el primer laboratorio de investigación y eso dice mucho sobre la poca de enjundia y fundamento. Actitudinal es un adjetivo de nuevo cuño que se nos coló en el diccionario, tan presto a algunas memeces, para calificar un sustantivo siempre reemplazable por actitud.

Restaurador adquirió una nueva acepción cuando sirvió para denominar a un cocinero que se cree artista. ¡Atentos! Zidane ha dicho de Neymar que tiene una manera de interpretar el fútbol. Es un lujo lingüístico que pone de moda una nueva hermenéutica. ¡Expectantes nos tiene! No sabemos si es el arte de la pelota o la ciencia del balompié. En la época de Clemente como seleccionador se hablaba la cultura del ´cerocerismo´ contra la genial metáfora del miedo escénico del equipo visitante en el Santiago Bernabéu. Cualquier día Simeone nos contesta con un carpe diem a la pregunta de cómo va el Atleti.

Mientras tanto, en otros niveles que aún no sé si se corresponden con el cielo o con el infierno de Dante, el líder inestable del PSOE invita a Rajoy a hacer exégesis del monosílabo de negación: no es no, ¿qué parte del no no ha entendido? Mientras que la señora vicepresidente dice que un Gobierno en funciones no es Gobierno, para justificar su silencio como respuesta al control parlamentario. ¡Acabáramos con el marxismo! No hacía falta revolución proletaria para llegar a la sociedad sin Estado.

Los inmorales nos han ´igualao´, cantaba el Cambalache de Santos Discépolo. Los argentinos, a la chulería de tanto atorrante suelen contestar como si alguien quisiera ser más que ellos: «¡andá a cagá a los yuyos!».

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine