Con gusto

Silencio que mata

25.09.2016 | 04:00
Emilio Piera

Vuelvo a la política. Un ratito sólo. Leo en un suelto que a Rita Barberá le han puesto un escaño en la última fila del Senado, donde el grupo mixto, recua en la que andan bueyes sueltos, casos particulares y personal sin clasificar. Aunque el sitial sea de quita y pon, pueden apostar a que no lo han comprado en Ikea. Sera algo de más respeto, aterciopelado y atornillado y condigno a la majestad en el desplazamiento de la usuaria. Rita ya ha ingresado en la categoría mitológica. Le ponen todas las gallinas: la depuran y se encuentra con dos mil más de sobresueldo. Ni a Fernando VII, que también mandaba mucho, se lo pusieron tan fácil.

Si Rita recibiera, como Hércules, el encargo de limpiar los establos del rey Augías, no sólo iba a presumir de gesta varias semanas antes de perpetrarla, sino que acabaría consiguiendo que la tarea quedara para su asistenta. Figura. Eso sí, Rita le pide al padre Turia que desvíe su curso para arrastrar la mierda del establo real del cuento y, reluciente por el paso del agua, se encuentra en el suelo un brazalete de oro. El oro y la mierda siempre se han tratado con mutua deferencia: el uno en calidad de valor sólido, el otro como lubricante. Pero ya ven: mucho hablar de Rita y nadie nos describe el singular silencio que rodea asunto, hace un par de semanas tan urgente, como la formación de Gobierno.

Hasta los contertulios más deslenguados „y perdón por la redundancia„ han enmudecido, como si cobrasen todos del mismo negociado o dirección general (de Difamaciones y Movimientos Reptilianos). Están a la espera del triunfo gallego de Feijóo, el del amigo que tenía una flota de planeadoras con mucho trasiego, y de la supervivencia en Euskadi del PP, en donde no serán muchos, pero pueden ser útiles (aunque en modo alguno tontos) a Urkullu. Y viceversa. Acostumbrado al ruido y la furia, y a la droga dura de considerarnos responsables del apocalipsis en el que se juega el futuro de ¡Españiaaaaa! si Rajoy no es elevado a la condición de presidente fijo discontinuo y, como sobresueldo, clavario mayor de la Virgen del Remedio, este silencio me mata.

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