Éxodos

Carta abierta a los políticos católicos

24.09.2016 | 04:00
Carta abierta a los políticos católicos

Hay políticos que afirman que son católicos, que salen en las procesiones, que llevan imágenes, que van a misa, que se llevan muy bien con sacerdotes y obispos, incluso pertenecen a algún grupo eclesial. Por ejemplo, Jorge Fernández Díaz, ministro del Interior y pisoteador de derechos sociales pertenece al Opus Dei. Se declaran muy devotos y la inmensa mayoría de estos políticos autodenominados católicos se encuadran en la derecha y defienden el capitalismo. Estos políticos católicos defienden todo lo contrario de lo que dice el Evangelio y la Doctrina Social de la Iglesia: la desigualdad social, el empobrecimiento, el hambre, la guerra, la corrupción, la destrucción del medio ambiente etc. Todo aquello que destruye la vida y la naturaleza. Son políticos sin conciencia, despiadados, sin escrúpulos, que defienden a los adinerados, a los acaudalados, a los enriquecidos, a las élites sociales y financieras. Hay un texto que dice que no se puede servir al dinero y a Dios a la misma vez; ellos dicen que sí, no tienen ningún empacho en manipular los Evangelios, sus nuevos templos son las Bolsas y sus iglesias son los bancos.

Estos autodenominados políticos católicos han promulgado leyes que no impiden los desahucios; todo lo contrario, siguen fomentando los desahucios en beneficio de los banqueros y su ambición y avaricia han convertido el trabajo en un ámbito de explotación y opresión. Me llama la atención la ministra Fátima Báñez invocando la imagen de María, si no me falla la memoria, a la Virgen de Rocío, cuando ha sido una ministra que considera a las personas, a los trabajadores y trabajadores, meros objetos y recursos para aumentar los beneficios empresariales y poder tirarlos a la cuneta de la sociedad cuando ya no interesen. Aprueban leyes para impedir la protesta de la gente que lucha por la justicia, la libertad, la paz y la solidaridad. Estos políticos autodenominados católicos han provocado guerras para que las multinacionales que quieren controlar las materias primas puedan hacerlo, ponen vallas y concertinas a la gente que huye del hambre y de las guerras, de ese hambre y esas guerras que son cómplices. Piensan y creen que comprando el alma de sacerdotes y obispos están perdonados; muchos se dejan, compran a Dios. Impiden cualquier ley que suponga proteger el medio ambiente, desregulando y desprotegiendo para que nada dificulte el hambre depredador y destructor de los especuladores e inversores.

A estos autodenominados políticos católicos no les importa la vida de las personas, el futuro de la humanidad y de la naturaleza, son protagonistas de mucho sufrimiento humano, de muchísimo dolor. No les conmueve nada ni nadie, sólo les inquieta el dinero, la ambición y el poder, piensan que en esta vida todo se compra y se vende y, si no, represión y opresión. No tienen remordimientos ni se inmutan ante nada, solo ante la caída de los valores bursátiles. Hay muchos políticos que son agnósticos o ateos que tienen más sintonía con todo lo que defendió Jesús de Nazaret, y muchos obispos y sacerdotes los consideran enemigos de la fe y de la Iglesia ¿Hasta cuándo va a durar tanta ceguedad?

Estos políticos y otros me dan miedo porque consideran, por no sé qué mecanismos mentales, que Dios les pertenece, piensan que Dios es un capitalista y todo lo que hacen está bien hecho. Estamos inmersos en una guerra mundial porque muchos de estos políticos autodenominados católicos quieren controlar todas las riquezas del planeta, provocando la muerte diaria de niños, de madres y padres, destruyendo países enteros sin vacilar y celebrando en fiestas de champán y mujeres las conquistas, que suponen aumentan su cuenta de beneficios.

Siento tristeza, dolor y rabia cuando los oigo, cuando los veo actuar, cuando legitiman y justifican todos los contravalores, la paz la sustituyen por la guerra, el compartir por el egoísmo, la fraternidad por la enemistad, la justicia por la opresión, la libertad por la represión, el diálogo por la intolerancia, aliviar el sufrimiento humano por provocar el dolor humano, la solidaridad por la codicia€

Tenéis dos caminos: cambiar o renunciar al catolicismo. Os pido que no hagáis más daño a la gente, que no destruyáis los derechos de la gente, que no aumentéis el precio de los alimentos básicos, que respetéis el medio ambiente, que no utilicéis el nombre de Dios en vano para pisotear a los pobres, para empobrecer, para convertir a los trabajadores y trabajadoras en oprimidos. Sé que no tenéis conciencia y que la historia os avala y el presente mucho más, pero pensad un poco, reflexionad, sé que no sirve el argumento de que tenéis hijos y que queréis el bienestar de ellos y que penséis en los padres de esos hijos que mueren por el hambre y la guerra que provocáis, que penséis en su dolor, pero a pesar de ello, os lo recuerdo. Este mundo no os pertenece, no sois los dueños de la vida y de la muerte. Este mundo es de todos.

Lo dicho, o cambiáis o renunciad al catolicismo. No pierdo esperanza de que algún día vuestro corazón descubra que la vida de las personas y su dignidad es un valor supremo. Mientras llega ese momento, nos tendréis de frente, al lado de los pobres.

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