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Por encima del hombro

23.09.2016 | 04:00
Por encima del hombro
Por encima del hombro

En aquella época solo había un modo de empezar el día: leyendo el periódico. Yo entraba a trabajar a las ocho de la mañana, pero a las siete y media ya estaba en los alrededores de mi empresa, al pie de un quiosco en el que compraba el diario que leía a continuación en un bar próximo, combinando sorbos de café con ingestión de artículos de fondo. Cuando llegaba a la oficina, quizá no sabía mucho más del mundo, pero sabía más de mí mismo porque en los periódicos no solo buscábamos lo que ocurría fuera, sino lo que ocurría dentro. Mejor aún: al enterarnos de lo que ocurría fuera, intuíamos algo de lo que sucedía dentro. Las crónicas de la Guerra del Vietnam, por citar un suceso de larga duración, constituían las crónicas de las diferentes versiones en lucha dentro de uno mismo. Zara acaba de abrir una tienda en Ho Chi Min, la antigua Saigón, noticia que de primeras me desconcierta y de segundas también. No evoluciono al ritmo del mercado.

Pero hablábamos de los hábitos para comenzar la jornada. En aquel tiempo, los quioscos de la Gran Vía madrileña abrían a las seis de la mañana porque lo primero que hacía la gente al salir del metro era comprar el periódico. Ahora abren más tarde porque solo compramos agua e imanes para la nevera. Todo el mundo llevaba su periódico debajo del brazo (ahora lleva su botella de agua), aunque había quien lo leía por encima del hombro del compañero de autobús. Las noticias te concernían menos si las leías de ese modo. Ayer mismo, en el metro, me enteré por el diario de mi vecino de asiento que el Estado daba ya por perdidos 26.300 millones de ayudas a la banca. Aquellos que Guindos juró que recuperaríamos sin duda alguna.

Parte de esos 26.300 millones de euros son míos, se los presté al Estado para que saliera del apuro y esperaba que me los devolviera. Ya sé que no. Pero no me importa porque al enterarme de ello por un periódico ajeno, misteriosamente, me concierne menos que si lo hubiese leído en el mío. Dada nuestra pasividad ante la corrupción y demás males de la patria, parece que todos leemos la prensa por encima del hombro de alguien, no sé muy bien de quién. Por cierto, que acabo de adquirir para la nevera un imán que tiene la forma de un periódico pequeño.

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