Amor a presión

El exministro y mi amiga I

13.09.2016 | 04:00
José Daniel Espejo

Mi amiga I. está estos días de vacaciones, y he podido echar unas cuantas tardesnoches con ella. Cosa que adoro. Filósofa, feminista, activista y cocinera, mi joven amiga I. es sin ninguna duda la persona que elegiría para hablar en nombre de nuestra especie si yo fuese un alienígena y quisiese parlamentar. No sé si llegaríamos a ninguna conclusión. Puede que al día siguiente hiciese explotar el planeta de todas formas. Pero qué bien me lo pasaría, qué bien me lo paso, cómo vuela el tiempo, cuando analizamos lo divino y lo humano, I. y yo, los septiembres por la tarde. Empezamos por Hegel, terminamos por la Cuore, y vuelta a empezar.

El otro día estuvimos, también, hablando de dinero. Del que hay y „sobre todo„ del que falta. De precariedad, de nocturnidad, de sobrecargas musculares: el proceloso mundo de la hostelería. De cómo pagar una multa de aparcamiento que le han puesto con un coche prestado y que se va a llevar más del 15% de su salario mínimo interprofesional. De vivir en el corto plazo, siempre. De rezarle a Foucault para que el gato no enferme. De alquileres, de habitaciones, de dentistas baratos. De las cosas de que habla la gente más brillante de su generación, llámala millenial, si quieres, entre quienes no solo los punks entonan aquello del no future. Ay. Al mismo tiempo, estos últimos días ha vuelto a saltar José Manuel Soria a la palestra. Supongo que no os apetece repasar el culebrón: al exministro del impuesto al sol, de la suite de lujo a precio de airbnb, de los papeles de Panamá han intentado colocarlo en el Banco Mundial, pero éstos le han dicho a Rajoy que nones.

Nos hemos acostumbrado a los escándalos. Son un runrún de fondo que se va sucediendo, como las olas de un mar de color marrón. Se nos va olvidando la relación que guardan con nuestra propia vida, el fondo de carne y hueso contra el que se proyectan con dolor. En ese mismo mundo en que nos vamos (más o menos) enterando de cuántas sociedades offshore maneja un personaje que declara un millón y medio de euros de patrimonio neto, en ese país en que ese mismo tipo paga 73 euros por una suite de 1.300 euros en Punta Cana, mi amiga I. sale de madrugada del curro con el hombro hecho cisco y la multa pegada en la puerta del frigo. Ya que no he podido evitar acordarme de Soria al hablar con mi amiga, procuraré no olvidarme de mi amiga cuando me entere del próximo pelotazo, la próxima mentira, la siguiente noticia sobre corrupción. No me vaya a dar por pensar que toda esa mierda se paga ella sola. O que somos todos (ésta sí que es buena) igual.

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