¡Larga vida!

05.09.2016 | 04:00
Juan Tomás Frutos

Sabes que el día es lo que es, pero no es malo. Tampoco es una jornada más. Es cuestión de mirarla cara a cara, como si fuera la primera o la última, con sus renovaciones, con sus tentaciones, con sus claridades, olvidando las penumbras que nos pueden hacer tanto daño. No permitamos que nada ni nadie nos rompa.

No siempre percibimos el milagro de que lo importante vaya bien. Nos quedamos en nimiedades que nos hacen perder el tiempo. Hoy no será así. No queremos. Nos hemos decidido a valorar todos y cada uno de los segundos de la existencia.

En unos aprenderemos, en otros nos equivocaremos, en los más nos cansaremos, nos reiremos, y correremos: en definitiva, nos embarcaremos en lo cotidiano. Así es, y así debe ser. Sin duda, una suerte. Además, las sorpresas se producen. Son el encanto de cuando en cuando en nuestras particulares historias. En consecuencia, corazón abierto, ¡y a jugar!

Más respuestas.

En paralelo, nos hemos de replegar para dar con lo mejor de la memoria, con lo que nos ha de proponer soluciones sin emergencias ni vacíos. Estructuremos la existencia con una base suficiente, con un interés grato.

No neguemos las virtudes de una dirección que ha de tener en cuenta cuanto nos potencia, cuanto nos envuelve con un manto ilusionado, o, al menos, así debemos verlo. No caigamos en el lado de las sombras permanentes.

Consultemos los pronósticos de otros para saber qué hacer, qué decir, cómo hacer, qué consultar. Hemos de adentrarnos en los momentos más tiernos, con sus destrezas más infinitas. Nos hemos de mover hacia ese lado que nos inclina, o puede, con sus devociones más fructíferas. No calmemos la sed de golpe: vayamos saboreando las necesidades y cómo aplacarlas, de modo que valoremos el proceso y las gentes que intervienen en él.

Las situaciones anteriores nos deben servir de fortaleza para salvar los obstáculos que podamos tener, que vayan surgiendo también. No temamos el presente ni el futuro. Las opciones albergan más respuestas de las que se otean a primera vista. Dependen de nuestro grado de responsabilidad y de nuestra visión de campo.

Despedidas.

El verano se acaba. Bueno, se termina en realidad esta estación, la actual. Vendrá pronto el otoño. Son días de despedidas y de reencuentros. Los nuevos visionados son encantadores, entre otros motivos porque los descansos hacen que volvamos a otear con más ansias a quienes conocemos y/o estimamos. También son jornadas para decir adiós. Da pena, fundamentalmente, cuando pronunciamos un hasta pronto que es un hasta siempre. Igualmente sentimos pesar por aquello que pudo ser y no fue. En nuestra complejidad, tardamos, los humanos, en percibir que el camino más corto es la línea recta. Además, únicamente cediendo hay amor por el camino. No olvidemos tampoco, como dijo el poeta, que nuestras sendas son estelas en la mar. Este verano ya no volverá. ¡Larga vida al próximo!

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