Ligereza y ciudadanía light

21.08.2016 | 04:00
Luis M. Alonso

Gilles Lipovetsky ha escrito un nuevo ensayo sobre la levedad. La ligereza es la tendencia dominante de una época sobre la que el sociólogo francés ya empezó a teorizar en La era del vacío, publicado en los ochenta del pasado siglo. Desde entonces hasta ahora hemos pasado de la primera posmodernidad moralista a una revolución individualista que curiosamente mantiene a los individuos vinculados entre sí por medio de la indiscreción y el cotilleo que alimentan las redes sociales.

El ser individual huye de la privacidad por situarse en el primer plano gracias a la conectividad, que se ha convertido en la droga más excitante de la década.

La miniaturización se impone. La conquista del mundo de lo minúsculo se manifiesta poderosamente en las tecnologías y en la estética. No se trata, como escribe Lipovetsky, de una dulce divagación. Es la desmaterialización del objeto y, a la vez, del gusto lo que está de moda. La música, antes en las estanterías, la almacenan los pequeños dispositivos. Se escucha en aparatos ligeros como el aire. Vemos películas en tabletas que caben en el bolsillo de un pantalón, cuando no en los propios teléfonos. La nanotecnología, la microrrobótica, la microcirugía, incluso la micrococina, la tapa, son indicadores de progreso y de moda. Luego, es cierto, no todo resulta igual que el bombo que adquiere. Por ejemplo, se llevan los cuerpos esculturales, ligeros de grasas, y, sin embargo, jamás ha habido tantos gordos. La cultura es más lipófoba de lo que lo ha sido nunca pero el consumo alimentario predispone justamente en otra dirección. La frivolidad consumista es prototípica de la ciudadanía light de las sociedades que se han propuesto también reducir la igualdad. Adelgazarla.

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