Por si encaja

En estado de alucinación

11.08.2016 | 04:00
En estado de alucinación

De la ceremonia inaugural se resaltó la apuesta por la conservación, en contraposición a la exhibida hacia los ciclistas que se tragaron los gases que el tráfico de Río les soltó desde el carril contiguo. Me impactó la delegación de Bermudas, compuesta por ocho deportistas con prendas rojas del mismo nombre. Una identificación identitaria de cajón e inofensiva y en la que no hay más que fijarse para intuir que media humanidad tendría por estos pagos la doble nacionalidad a huevo. Tal como sigue el patio, desechable no es.

Fue al paso de Botsuana, república parlamentaria con un 70% del territorio desértico – aquí es mayor políticamente hablando–, cuando empecé a tener visiones al distinguir a un blanco que, por el desparpajo, debía sentirse rey. Tanto es así que iba dándole la barrila a un jefe bosquimano con que «lo que te digo es que, con el niño al frente, aquéllo no se pone en marcha. Tampoco es que reniege de haber abdicado, pero es lo que comento que, el ángel, no se hereda. Por lo único que me alegro es por lo contenta que anda la nuera con el veranito que está tragándose. Al parecer va diciéndole al partenaire que, la abulia de Mariano, le dura a ella media audiencia». Por las trazas de la excolega, incluso menos, majestad.

La alucinación alcanzó su mayor intensidad al divisar a Aznar situado entre el bloque de estadistas. Creí grillarme y, Rajoy, más. Sin relaxing cup o café con leche que valga, el maridín se cogió al interesado, le preguntó que cómo es que estaba pensando ya en las navidades y el otro le aclaró que en éstas no; que, en las de 2017, quizá. Me sobresalté entonces con la caña de la policía militar. Es tanto al afecto al interino de Dilma Rousseff que cazaron a alguien que se acercaba al palco temiendo que portara un libro bomba. Lógicamente era nuestro Pablo Iglesias, que así reaparecía. A Albert Rivera se le sorprendió a medianoche ante el espejo, en la cita sin duda más tentadora para él. El desfile resultó de lo más completo. Es lo menos que se puede esperar de este sueño olímpico.

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