La vida alrededor

«No es no»

07.08.2016 | 04:00
Pedro Guerrero Ruiz

Los tiempos se acaban, como se acabaron los tiempos de la anterior investidura en la que el PP le dijo ´no´ a Pedro Sánchez». ¿Pues qué se pensaba el PP ahora con su líder, que iba a ser un «No, pero sí». Y fue entonces cuando se le recordó al personal que estaba enfrente y sin querer enterarse que un «No es un no». Y además rubricado por el Comité Federal del PSOE, a pesar de la incidente opinión de Felipe González y sus barones de siempre. Recordemos que el más ambicioso, José Bono, está dispuesto a ser el primer ministro del rey Felipe.

O lo que sea, vamos, que con tal de estar en el poder este Bono no atranca, ni atrancó ni atrancará, a pesar de que pierda y pierda las primarias y otras cosas. Y más les valiera callar al barón de Extremadura y al de Castilla La Mancha, porque todos tienen motivos... para callarse, ya que gracias a otros partidos ellos también gobiernan, claro.

En este sentido dejó de callar Susana, que muy pocos favores le hizo a Pedro, en las anteriores contiendas. Pero no se calla el más atrevidillo de los barones que, aunque fuera de juego, trata de estar en la reserva. Hablo de Leguina, que hasta ha pedido la dimisión de Pedro Sánchez. Las ganas... Las ganas serán. Lo cierto es que este Pedro Sánchez está quedando como un líder, y aún más, como un hombre de Estado, frente a Rajoy que no es apto para ser presidente de Gobierno porque la cámara de diputados le dirá, mayoritariamente que no (ya se lo ha dicho). Pero el partido de Sánchez le deja poco trecho por donde pasar y moverse como alternativa real, y no sé si habrá alguien que pueda con él una vez descartado Madina y, si me apuran, hasta la mismísima Susana, a la que ya le advirtió su jefe de filas, que es ni más ni menos que Felipe, que lo suyo es gobernar Andalucía, aunque salga ahora también el Escuredo añadiendo la necesidad de abstenerse Sánchez. Aquí le digo a Sánchez que felicidades, por la paciencia que tiene y el valor de torear con este burladero suyo.

Y luego está la militancia de base y hasta los simpatizantes del PSOE (aquí meto también a los simpatizantes de Podemos, que ya no nombro a IU sino para darles el pésame desde la unidad del fantasma del ´sorpaso anguitista´); es decir, a todos los que no mandan, pero piensan como izquierdas. La alegría vendría a ser que, en serio y de un día para otro, como se hacen las cosas, Pedro Sánchez hiciera con Iglesias y los que quepan esa incisión de unidad con la izquierda y otros, y pidieran a los demás que andan sueltos que se abstuvieran y se lograra así el gobierno del cambio, que es lo que quiere la gente, que Rajoy no vuelva con sus recortes y leyes mordazas y analfabetismo funcional, otra vez. Que haya paz y se frene el impulso de la derecha caciquil. Y si no pasa esto, no habrá más oportunidades para la llamada izquierda y continuará el robo de Estado, la corrupción, la mentira. Esto parece seguro, salvo los barores que no lo tienen tan claro.

Así es que, ya saben: que «No es no», y a ver Rajoy, sin apoyos ni de los constitucionalistas ni de los independentistas, como ellos dicen, qué diputados espera que se sumen para ver cómo tira del hilo congresual, y si no hay tejido para hacer un gobierno, pues que la izquierda empiece a montar el suyo. Con una enorme felicidad por mi parte y mi enhorabuena para todos los que hagan posible que «No es no», cuando de pronto se hace el «Sí», pero un sí que mande al PP a donde debiera de estar hace ya tiempo.

Una conclusión es clara: Rajoy no es querido por la mayoría de los diputados para ser el presidente y pasar, por tanto, la prueba de la votación que se requiere, la investidura. Sánchez, pudiera ser que sí. La opción sería un cambio, un verdadero cambio esperado. Y, por ello, no he firmado el manifiesto encabezado por Solana y Almunia, entre otros, con distintos ministros, sino el que se viene publicando en los medios con el nombre de ´Por un gobierno de progreso´. Ojala.

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