Dos veces breve

El Bosco, retratos de interior

03.08.2016 | 04:00

La semejanza entre El Bosco y el marqués de Sade estriba en que los dos bajaron a ese fondo del alma humana en el que el sexo (encarnado en la mujer) sufre prisión, y la diferencia reside en que el primero hizo esa arriesgada cala para mantenerlo preso bajo amenaza del infierno (o ésa fue la excusa), y el segundo, para liberarlo con la promesa del paraíso en la tierra (o ésa fue la excusa). La exposición de El Bosco en una sala laberíntica del Museo del Prado nos mete en un agobiante y penumbroso crisol en el que sentimos cuál era el estado del asunto hace casi medio milenio, y puede ayudarnos a entender cuál es hoy ese estado en los países islámicos, cuya religión es más de medio milenio más joven que la nuestra. En el tiempo de El Bosco también nosotros, agobiados por la siniestra represión religiosa del instinto, tratábamos de convertir por la fuerza bruta al que no era masoquista.

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