Control de daños

De emprendedor a siervo

22.07.2016 | 04:00
De emprendedor a siervo

Imaginemos que eres joven y te has apuntado a la moda del emprendedurismo, esa palabra tan fea, que solo compite en fealdad con empoderamiento, otro anglicismo importado. Te voy a contar tu futuro más que probable en este país, y a los efectos que quieras en esta Región, con la autoridad que me da el llevar más de treinta años habiendo sobrevivido al peligroso oficio al que ahora te quieres dedicar.

Lo primero te vas a encontrar es todo tipo de trabajas burocráticas para inciar tu proyecto. ¿No te habías enterado?: estamos en el país número 10 en PIB, pero en el número en cuanto a facilidades para hacer negocios. ¿Y sabes por qué? Porque suprimir esas trabas burocráticas significaría despedir a un número considerable de funcionarios que se quedarían sin nada que hacer. Así que prepárate a ser tratado como un delincuente en potencia, aportando todo tipo de documentación innecesaria con carácter preventivo, para que cuando, no quiera Dios, una viga en tu negocio se le caiga en la cabeza a alguien y lo mate, no haya ningún responsable al que pedirle cuentas porque todo el mundo habrá cumplido rigurosamente con el papeleo exigido. Y, como lección extraída de ese improbable accidente, en vez de confiar en que la gente sea responsable y se someta judicialmente a las consecuencias de sus negligencias, se elaborará una nueva normativa que exigirá aún más papeleo preventivo al siguiente emprendedor. El muerto al hoyo, y el funcionario, a seguir exigiendo formularios y la misma documentación que has aportado ya cuarenta veces, pero que depositaste fatalmente en otro agujero del Leviatán.

Y cuando ya hayas superado todos esos obstáculos y ya estés enfocado a velocidad de crucero a hacer viable tu negocio, luchando por contentar a clientes exigentes y sortear a astutos proveedores, te encontrás con que el Estado te ha convertido en una especie de recaudador de impuestos delegado, teniendo que contabilizar y liquidar el IVA por su cuenta, y que además ha descargado en ti el bienestar presente y futuro de los trabajadores, cargándote con un impuesto del 40% sobre el trabajo de tu empleado con el fin de sufragarle un par o tres meses de vacaciones remuneradas a tu cuenta por cada año trabajado si te ocurre despedirle y, por supuesto, para arruinarte con indemnizaciones por despido si a tu negocio le fuera mal, aunque la crisis las hayan creado los mismos políticos que te han puesto el yugo y los mismos banqueros que te han estado viviendo de los escasos recursos que te quedaban después de pagar tantos impuestos.

Pero eso sí, cuando estés frito a tasas e impuestos, arruinado por los despidos inevitables y ahogado por las deudas con Hacienda y con los bancos, y siempre que estés en un sector que tenga acceso a los fondos públicos, la Administración te echará un cable para rescatarte dándote una estupenda subvención que, por cierto te pedirán que devuelvas dentro de unos cuantos años cuando te manden una inspección para volverte a pedir papeles que ya estaban ya presentados cuarenta veces y que ahora tú no eres capaz de recuperar entre tanto lío y follón.
Y de esta forma tan soberbia y frustrante, habrás conseguido pasar de emprendedor voluntarioso e ilusinado a siervo del Estado para el resto de tu miserable vida.

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