Achopijo

Nice Matin

17.07.2016 | 04:00
Nice Matin

Cuando el periodista Eduardo Suárez comenzó a contar en Twitter lo que estaba pasando en Niza haciendo referencia a diferentes medios internacionales y citó al Nice Matin como el que mejor información estaba ofreciendo, no sólo por la información en sí, si no por la forma en que estaba contando la tragedia, sentí un pellizco de orgullo profesional.

Cuando en 2004 un grupo de periodistas murcianos, entonces yo escribía en El Faro sobre fiestas y tradiciones, fuimos invitados al Entierro de la Sardina en Grasse, ciudad hermanada con Murcia y vecina de Niza en la Región de Provenza Alpes Costa Azul, tuvimos la suerte de compartir redacción una mañana con los periodistas del Nice Matin. Nos dejaron descargar las fotos y enviar la crónica desde allí, con buena conexión. Los periodistas del Nice Matin nos trataron con categoría y sentimos esa fantástica sensación que da ser parte de una vocación universal por contar las cosas, aunque fuera para algo tan festivo como un Entierro de la Sardina en Grasse, que por cierto, fue un ejercicio excéntrico y genial que, estoy seguro, no olvidan en aquellas tierras.

El Nice Matin tenía una redacción pequeña, coqueta. Varias habitaciones abiertas, de un viejo piso en el centro de la ciudad. Un segundo, si no recuerdo mal, en el que se amontonaban periódicos y libros en estanterías de aluminio, con pequeñas mesas con ordenadores rodeados de libretas y agendas. Aquella redacción no era la de un gran periódico, pero sus periodistas la hacían grande y distinguida.

Había pasión. Rezumaba vocación por contar el día a día de Niza, una ciudad con una vida enorme, en la que el fotógrafo del periódico local tenía que vérselas muchas veces con papparazzi en busca de fotos de oro, y a los que, muchas veces, casi todas, ganaba la partida. «Gano más vendiendo fotos a fotógrafos que aquí, pero si hay una noticia que cubrir o un famoso al que pillar en un barco no me lo pienso, no hay nada más importante que contar lo que pasa en Niza», me dijo aquel chico con un chaleco cargado de utensilios para su cámara, siempre colgada al cuello, mientras nos habría la redacción a cinco plumillas de Murcia „Vicente Vicens, María Dolores de la Vieja, Ana Guardiola, Mar Moreno y yo„ para que enviáramos nuestras crónicas.

El recuerdo de aquel día, de los pocos compartidos en una redacción extranjera, lo guardo con emoción. Será una chorrada, porque nuestro mundo periodístico se ha quedado en esta ciudad, y poco más, pero aquel día vislumbramos por qué existe esta profesión fantástica y necesaria en todas partes, y el viernes, cuando Niza fue el centro de la actualidad informativa mundial, por desgracia, fueron ellos, el Nice Matin, el medio de referencia... y no me extrañó en absoluto. Aquella frase resonó en mi cabeza€ «No hay nada más importante que contar lo que pasa en Niza», y sentí orgullo de haber estado en aquella pequeña redacción un día. En todas las ciudades del mundo hay, al menos un periodista, que puede decir esa frase con total tranquilidad, y eso, sin duda, hace al mundo un lugar mejor. A pesar de tantas malas noticias. Gracias, Nice Matin. Vale.

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