Albarracín el Grande

10.07.2016 | 04:00

Que José María Albarracín, flamante presidente de la CROEM es un líder carismático y que los tiene bien puestos, nadie ya lo duda, ni en el staff empresarial ni en el político. Durante su mandato han caído todos los reinos de taifas bajo sus pies, incluso los intrépidos empresarios de Cartagena, que a falta de un líder valiente ¡si don Manuel levantara la cabeza! han sucumbido al pago de un alto impuesto revolucionario anual, aunque, eso sí, graciándo a su presidente con el marquesado del sillón del puerto, suculentas dietas incluidas. Fíjense, por un ratillo y sentao en el Consejo del Puerto el presidente de la COEC y otros; parece ser que gana mas que una trabajadora de servicio doméstico trabajando ocho horas diarias, durante todo un mes. ¡Igualico esfuerzo!

Con todo eso, hay una conquista que se le resiste a Albarracín, como a los romanos en la Galia francesa: el ayuntamiento de Cartagena, en donde el héroe de Cavite que la defiende, Pepix Lópex, aún no ha sido doblegado, ni lo estará. No es ni Obélix ni Asterix ni toma pócimas secretas, pero es un alcalde al que ni los Mustafás Lumbrerenses ni los Albarracines pimentoneros jamás le doblarán la cerviz y mucho menos el espinazo. Lo que no ensombrece para nada el buen hacer de Albarracín, líder indiscutible, que con su privilegiada inteligencia y su mano férrea impone y se impone en todas partes, doblegando organizaciones empresariales y partidos políticos. Aunque también como en Cartagena, menos a uno, los de Podemos, aunque ese partido y su ideología le importan menos que los desechos del pimiento.

Al Partido Popular lo tiene comiendo en la palma de la mano, tanto por afinidad como por interés empresarial, hasta tal punto que da la sensación de que desde la presidencia de los empresarios se está haciendo un trabajo de ingeniería política, con escoramiento derecho, para apuntalar al presidente Pedro Antonio Sánchez, evitándole el riesgo de la tan temida moción de censura si prosperasen sus cuitas judiciales.

Fíjense que con sólo pelear al actual número uno de Ciudadanos con el resto del grupo, dando paso a un nuevo líder como Juanjo Molina, se garantizaría que el PP de Pedro Antonio podría estar toda la legislatura gobernando, pase lo que pase; un Juego de Tronos entre la empresa y la política, en el que tan bien se mueve Albarracín el Grande, con sus fogosis peperos.

Y por qué digo esto, pues viene a cuento de que la CROEM invitó a los de Ciudadanos menos a su portavoz actual, Miguel Sánchez, propiciando o acentuando una ruptura dentro del grupo mediante escarnio público de mi Miguelín, lo que conllevaría la imposibilidad de prosperar una moción de censura en la Asamblea Regional contra el presidente Pedro Antonio, si el caso Auditorio sigue subiendo.

Que Ciudadanos cambie de Miguel Sánchez a Juanjo Molina puede que hasta sea mejor, ellos sabrán, pero que se enfrenten entre ellos y Miguel termine en el grupo mixto, es lo peor que les puede pasar, porque con uno menos se quedarían sin la dentadura que ahora tienen en la Asamblea Regional y pasarían a tomar sopas de leche y potitos. Es de esperar que Juanjo, un hombre muy inteligente, reconduzca la situación antes de perder un solo diputado y no les pase como a la Parrala, que con un solo polvo se quedó? preñá y sin un chelín.

Reflexionen, si Albarracín hubiese invitado a la Asamblea a los de Podemos olvidándose de Oscar Urralburu, ¿hubiese asistido algún representante de este partido? Pues no piensen, ya se lo digo yo: ninguno. Vamos, es que el presidente de la CROEM ni se atreve a tal jugada. Entonces, ¿por qué con Ciudadanos sí? ¿son víctimas de una estrategia de ingeniería político-empresarial? Aunque esta teoría no sea así exactamente, la sensación que percibimos los de la plebe es que Albarracín maneja unos hilos que traspasan lo empresarial para sumergirse en el mundo de la política, totalmente canteado pá la diestra y, ya se sabe, a río revuelto en Ciudadanos, ganancia para los populares, ¿o no?

De todas maneras, mi querido Miguelín, no te perdiste nada por no ser invitado, aquello todos los años es igual, los jerifaltes hablan cansinamente y piden que se aprueben sus cuentas, el patio lo aprueba todo el que tenga narices que no lo haga y hacen palmas digan lo que digan; incluso por aplaudir y jalear, aplaudieron las palabras del presidente Pedro Antonio cuando dijo «CROEM ha ganado en respeto y credibilidad con Albarracín», que son totalmente ofensivas e injustas con sus antecesores, José Luis Villar, Francisco José Vicente, Tomás Zamora y Miguel del Toro. Puede que lo esté haciendo mejor que los otros o no, según se mire, pero en lo tocante a respeto y credibilidad, la CROEM siempre ha tenido la máxima nota y Albarracín no la ha elevado. ¡Chsss!, lo chocante es que le aplaudieron los propios expresidentes que asistieron al acto. ¡Ay! ¡cuánto gusta ser palmero, Señor mío!

Hay que reconocer que Albarracín está haciendo un excelente trabajo al frente de la CROEM, sacándole los cuartos a las organizaciones, empresas y empresarios, alcanzando un grado de independencia asociativa desconocido en el mundillo de las organizaciones empresariales, lo que le permite no depender del político de turno y decir todo lo que piensa y a quien quiera, con su habitual lengua de bisturí. Un diez.

Y porque no hay un diez sin un pero no sería yo, mi querido Josemari, permítanme que les diga que quizás obnubilado por el éxito y la santa compaña, Albarracín está dejando que el plumero de la derecha se le asome demasiado por toas partes menos por una, por mucho que le reivindique a su PedroAntuán cosas que son imposibles de conceder, como el que le pide a un mendigo que te invite a una buena comida, ¡tó un paripé! para transmitirnos la sensación, a los que somos del pueblo, que ya no se conforma con mandar en la CROEM sino que parece que quiere dirigir la política de la región, apuntalando rey y desarmando a la oposición. Oye pues si es así, y consigue rebajar los impuestos y que funcionen las infraestructuras, mucho está tardando, que este hombre vale mucho y jugando a juegos de tronos no le gana nadie.

Albarracín el Grande, ¡un crack! se lo digo yo. Como pá fiarse de él.

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