Picar el folio

Sopor electoral

02.07.2016 | 00:23
Sopor electoral

El otro día, cambiando la ropa de invierno por la de verano, en pleno zafarrancho me encontré con el baúl de los recuerdos: una caja vieja de cartón forrada con papel adhesivo y pintado de colores chillones. De entre todas las cosas que contenía el viejo baúl la que más llamó mi atención fue un cuaderno escolar de tapa dura de color azul y con las hojas rayadas del otoño de 1989.

Las hojas, desde la primera hasta la última página, estaban repletas de una lista considerable de verbos conjugados en todas las formas habidas y por haber. Recordé entonces que la libreta se trataba de un castigo por no haber estudiado debidamente las formas y los tiempos verbales.

Sin ningún tipo de nostalgia y con los ojos en blanco me acordé espantada de aquellos recreos interminables sentada a una mesa redonda con las piernas colgando en la silla y la mano sujetándome la cabeza conjugando verbos como si no hubiera mañana.

La profesora en cuestión solía apuntarnos con un bolígrafo rojo Bic los tiempos y verbos que había que conjugar durante la media hora que duraba el recreo y entre bocado de bocata de chorizo Pamplonica y gritos de júbilo procedentes del exterior de nuestras compañeras libres y aplicadas copiábamos a destajo por ejemplo el condicional simple del verbo comer.

Casi al final de la libreta, en concreto una mañana de octubre del 89, me encontré con una hoja en la que conjugué a mi libre albedrío el presente de indicativo del verbo aburrir, imagino expresando alto y claro el fastidio y cansancio que suponía para mí el castigo en cuestión.

Mientras repasaba con las yemas de los dedos la página, recordé perfectamente esa sensación de molestia y hastío que pocas veces nos invade en la infancia y que después en la madurez se convierte en algo frecuente, especialmente frente a determinadas situaciones como, por ejemplo en mi caso, ante el panorama político actual.

Me aburre ir a votar. Me aburre hablar de política. Me aburre escuchar los mismos discursos falsos, huecos y manidos. Me aburren los intolerantes que pretenden aparentar tolerancia. Me aburre que por las redes sociales me llamen o llamen a otros de mis amigos y conocidos 'capullos, borregos y subnormales' por votar a un determinado partido. Me aburre que actores sibaritas que no saben viajar más allá de la business class presuman de que los partidos que votan son aquellos que están a favor de los derechos humanos como si el resto de la humanidad que no se decanta por esa opción electoral fueran unos desalmados que están en contra de las condiciones instrumentales que permiten a la persona su realización. Me aburre que los nuevos, los viejos y los recién llegados políticos no sepan perder y nieguen la realidad poniendo en tela de juicio la credibilidad de los resultados electorales y, en general, me aburre esta falta de consideración, acompañada de una sumisión pasmosa, hacia los ciudadanos y votantes españoles.

Del referéndum que ha puesto patas arriba al Reino Unido también conocido como Brexit ni les hablo porque sólo con pensar en esa especie de obra de teatro shakesperiana siento un gran sopor que me da ganas de echarme la siesta sobre el teclado?

El aburrimiento es la explicación principal de por qué la historia está tan llena de atrocidad.

Fernando Savater

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