Opinando entre lobos

La hija de Valcárcel

22.06.2016 | 00:02
La hija de Valcárcel

Con independencia de lo que se resuelva en los juicios, qué sorpresas te da la vida, lo cierto es que cuando un juez investiga y llega a la conclusión de que hay indicios razonables para imputar o investigar a alguien, no lo hace por capricho o por ganas de fastidiar ese día a este o a aquel ciudadano.

El hecho de que la hija, yerno, cuñado y demás amigos de Ramón Luis Valcárcel estén citados para declarar como investigados antes imputados por la nueva jueza del caso, que lo recibe del buen juez Abadía por aquello del dichoso aforamiento al que se acogen, precisamente los que más tienen que declarar y menos deben callar, no es más que otra más, de las ya demasiadas cosas raras en las que aparece el nombre del expresidente.

Si Ramón Luis, expresidente de la Comunidad y vicepresidente europedo, es inocente de todo lo que se piensa que ha podido hacer, ya debería venir corriendico a declarar voluntariamente ante la jueza, renunciando a su aforamiento, para liberar a su hija a la que estoy seguro que adora y demás parentela de un trago judicial muy amargo, en el que se ven, posiblemente sin comérselo ni bebérselo, en virtud de su consanguinidad. De no hacerlo, lo normal es que se piense que entre todos sí se lo han comido y bebido, el padre los ha usado para la posible gran comilona y ahora a ver como se capea el temporal, pero salvando al europedo por delante de la hija.

Me explico: ¿qué padre no se viene a tóa leche a declarar renunciando a su aforamiento para librar de tal pena a su hija, y mas sabiendo que todo lo que está pasando es una mentira? Por lo que se ve, sólo hay uno, Ramón Luis Valcárcel, si es que no ha aparecido hoy, día de la publicación de este artículo.

Es más, un padre cualquiera es capaz de autoinculparse de lo que sea con tal de que su hija no se vea envuelta en un follón del que, si hubiese algún responsable, desde luego no sería ella.

Muchos humos, gritos y salidas de tono de Ramón Luis poniendo sus testículos en la voz, cuando lo que aquí hace falta es que los ponga, y su trasero apretao, físicamente, en el sillón de los que declaran ante el juez para que su hija y demás parentela no tengan que hacerlo.

Si no es culpable y lo aclara todo bien aclarao, el problema se ha terminado, pero si de sus declaraciones se desprende que algo ha hecho que no está bien, ya sea consentido, palpao o firmao, que apeche con las consecuencias, pero no su hija, porque una hija nunca debe cargar con las respònsabilidades del padre, aunque sí al revés.

Siempre sentí una especial predilección por mi expresi, y de tales aprecios por ahí corren muchas letras publicadas por mí en este periódico apoyándole cuando todos le daban de lado y sus acólitos, los que hoy todavía viven de él, se escondían como ratas? hasta que me decepcionó, como a tantos otros.

Pero lo que nunca pude imaginar es que Ramón Luis pudiera poner a, o consentir que esté, su hija por delante de él, como pantalla para salvaguardar su posición política, si es que así lo pudiera estar haciendo.

Lo conocí en la juventud, le seguí en su vocación educativa, mi amistad con su padre me aportó la ocasión de beber de ese manantial único que te llena de valores y del que él siempre se sació, como la caballerosidad, el honor y la ejemplaridad de comportamiento hacia los hijos y amigos. Después lo observé de concejal del ayuntamiento de Murcia y estuve a su lado en el asalto democrático a San Esteban. Doy fe de que su comportamiento conmigo siempre fue exquisito y educado, del mismo modo que doy fe de que en la trastienda se le va el frasco, sobre todo si tiene quórum para lucirse y él está en posición ventajosa.

Desde el plano político, esta situación prejudicial también se ve con parecido color que con la hija, aunque no son comparables.

Valcárcel está donde está y ha comido toda una vida gracias al PP, antes Alianza Popular. Gracias a los emolumentos que el PP y los murcianos le hemos pagado, ha vivido opíparamente, ha sacado a su familia adelante y se ha comprado sendas casas en sitios privilegiados de la ciudad y la playa, amén de disfrutar de unos cuantos viajes de ensueño. Así que, por su hija y por su partido, Valcárcel bien debiera renunciar a su aforamiento y venirse para Murcia a declarar la verdad y lo que haga falta, liberando a su hija del calvario de toda sospecha judicial y a su partido de la enmierdada carga que suponen las 'investigaciones' en el entorno valcarceliano.

Si no lo hace, que luego no se queje de que las cabezas se llenen de malos pensamientos como que le importa más su carrera política que el bienestar y la salud de su hija, que están todos pringados de porquería y que si no sanea la mala imagen de su partido es porque éste debe tener tantas pulgas y garrapatas que ya no se desinfecta ni con zotal. No hacerlo y ya significa ser un desagradecido con el partido que todo se lo ha dado y se lo sigue dando, aunque lo peor siempre será? lo de la hija.

¿Yo?? Por supuesto. ¿Y usted? ¿También moriría por su hija o se autoinculparía por salvarla?

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