Amor a presión

Menos lobos

21.06.2016 | 01:39
Menos lobos

Voy a confesar un trauma de infancia: me horrorizan las nanas. De hecho, me parece lo lógico y natural que los bebés aúllen de espanto cuando se las cantan, cuando una voz calmosa y suave les pide rendirse al sueño pero les anticipa al mismo tiempo la inminente llegada de un ser ignoto, llamado 'el coco', que se los va a comer vivos. El estupor que siempre me causó la nana del coco me está viniendo a la cabeza otra vez estos días, mientras padezco la campaña que Moragas ha diseñado para el Partido Popular. No solo porque me estén tratando, según la tradición conservadora, como un niño, sino por la incoherencia esencial de un relato que trata simultáneamente de dormir al votante (no vaya a ser que la participación suba y desborde a su partido) y aterrorizarlo con la idea-fuerza de que viene Unidos Podemos y te comerá. A ver en qué quedamos, porque dudo que vayamos a hacer lo que hacíamos de chicos (hacernos los dormidos para que la tortura acabase cuanto antes). De la versión merengue de la melodía pepera hablamos si eso otro día.

Nanas, cuentos para niños y fábulas abundan en campaña. Siempre ha sido así entre los populares, pero la cercanía con las anteriores elecciones hace que la sensación de déjà vu sea todavía más intensa. A quién no le viene a la cabeza la fábula de Pedro y el lobo cada vez que un dirigente popular saca el «¡Que vienen los bolcheviques!» en campaña, con el mismo tono que usaron en mayo y diciembre del año pasado. Cómo no recordar el cuento de Jack y las habichuelas mágicas cada vez que salen Guindos o Montoro con esos gráficos ascendentes, llenos de brotes verdes, que vienen reutilizando en cada cita electoral, desde 2011.

Frente a eso, en Unidos Podemos también tenemos un cuento tradicional que traer a la campaña. Se trata de El traje nuevo del emperador, de Hans Christian Andersen. Concretamente ese momento prodigioso al final del relato en que un personaje infantil se pone de pie y, con sólo dos palabras, desbarata el papel asignado a los niños en las fábulas (esto es, el de meros oyentes a punto de dormir) y deshace el encantamiento que maniataba a toda la ciudad. «¡Está desnudo!», grita ese niño que se hace súbitamente mayor ante nuestros ojos. Ésa es la valentía y la alegría que nos mueven, y también la responsabilidad. Frente a eso, poco valen los cuentos, querido Moragas. Así que buena suerte el domingo. A ver, es un decir.

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