Pensando en voz alta

No encuentro título

06.06.2016 | 04:00
Francisco Marin

Soy consciente de que esta columna, para la que no encuentro título, me va a costar algún que otro disgusto con más de un conocido y amigo.

Sé que me van a llamar de todo pero me gustaría que alguien me aclarara las dudas que albergo respecto a ciertos comportamientos ante eventos de diversa índole, principalmente deportivos. Viene esto a cuento con lo visto por televisión el sábado 28 y domingo 29 del pasado mes de mayo, con motivo de la celebración de la final de la Copa de Europa de fútbol entre el Real Madrid y el Atlético de Madrid; amén de otros hechos que tuvieron lugar alrededor de dicho partido. Por ejemplo, alguien le estrelló un vaso en la cabeza a una persona con la que estaba discutiendo, partido de por medio, en un bar de Torre Pacheco.

Sé que todos necesitamos, en algún momento, desfogarnos de las tensiones que acumulamos en el diario devenir de nuestros quehaceres. Sé que la espita hay que abrirla y dejar salir todo lo que nos sobra. Hasta ahí, casi, de acuerdo pero lo que sigo sin comprender son los lloros „porque el equipo ha perdido„ o los gritos y toda clase de aspavientos „porque el equipo ha ganado„. Al igual que me asombra el que grupos de personas vayan a las puertas de las ´ciudades deportivas´ a ver pasar a los jugadores. El domingo, mareas humanas se agolparon en la Puerta del Sol de Madrid para observar a los jugadores del Real Madrid asomarse a un balcón. Pregunto: ¿Qué ganan dichas personas? ¿Son más felices? ¿Sus vidas cambian a mejor? Jalean a individuos que, por ejemplo, se llevan una prima que es muchísimo más que lo qué cualquiera de los jaleadores van a ganar en su vida laboral. Alguien me dirá que soy un materialista, me acusará de no apreciar la satisfacción personal del seguidor y de no se cuantas cosas más€ pero que me de razones para poder entender algo que para mí es un misterio.

No faltará quien me diga que yo me desfogo con los libros, con la lectura, con un buen programa cultural, con la asistencia a una buena conferencia, con€ sí, efectivamente, pero no haré nunca colas de varias horas para ver u oír a un conferenciante, nunca he esperado horas para que el autor de moda me firme un libro. Aquel otro me dirá que no son actos ni eventos comparables, por supuesto. Sigo, a esta altura del artículo, sin entender los lloros en las gradas del estadio (igual piensan en el gastazo que llevan encima y les produce más dolor) o alrededor de las pantallas gigantes dispuestas en diversas ciudades o en los distintos bares y cafeterías. Tampoco los saltos de alegría de los aficionados del equipo ganador, ¿qué ganan ellos? ¿Ganan dinero? Sé que pensarán que estoy mal de la cabeza, posiblemente, pero yo no grito ni doy saltos si no hay una recompensa económica por medio.

Mucho menos entiendo las discusiones ´futboleras´, sobre todo si se llegan a las manos. Apuntado todo esto, no seré yo quien coarte la libertad de expresión de nadie; que cada cual grite y se manifieste como quiera y pueda, que cada uno se gaste el mucho o el poco dinero que tenga en la afición que a bien tenga profesar. Desde estas líneas, mi recuerdo emocionado a esos aficionados iraquíes, si no me equivoco, que asesinaron por estar viendo el partido de fútbol por televisión. Nadie puede ni debe cercenar, en ninguna forma y manera, la libre decisión de cada persona a divertirse y gastarse sus euros como mejor le plazca. Me tendrán enfrente.

Cuando queda poco para finalizar sigo sin vislumbrar los motivos para el llanto y el griterío. Hoy lo dejo en esas expresiones, otro día hablaré (tampoco lo entiendo) de los que compran entradas en las reventas; a los revendedores si los comprendo; y todo lo que rodea las ventas de camisetas y objetos varios.

Acabo, y no me he aclarado nada del mundo del fútbol desde la visión del aficionado. Qué tiempos aquellos en los que cuando ´ponían´ un partido de fútbol, en el único canal de la única televisión existente, es que algo pasaba y había que adormecer y desviar la atención a la masa. ¿Estaremos en las mismas circunstancias? ¿Se necesita tener a la masa distraída? Mi opinión es que sí.

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