La Escalera

El plan

31.05.2016 | 00:32
El plan

Si Podemos ganara las próximas elecciones, veríamos cosas increíbles, porque Podemos tiene un plan y ese plan consiste en que España deje de ser España y se convierta en Venezuela. Así, textual. Nada de que España tendría un Gobierno inspirado en el modelo venezolano o que sería como Venezuela. No, el plan consiste no en ser 'como' sino en 'ser', concretamente consiste en que España sea Venezuela. No sabemos qué ocurriría con Venezuela porque tanto Rajoy como Albert Rivera e incluso Pedro Sánchez han sido ambiguos en este punto, pero podríamos deducir que si España se convierte en Venezuela, Venezuela debería convertirse en España.

Hablando claro, esta gente de Podemos no solo son muy listos sino que han puesto su inteligencia al servicio del mal. Como suena. Con el capital prestado por potencias enemigas, han desarrollado estudios y han conseguido establecer la conexión entre las antiguas creencias y las nuevas tecnologías y de ese modo han logrado que la Tierra vuelva a ser plana simplemente encerrándola en una tablet o tableta. En esa tableta los continentes son páginas y los países aplicaciones, por lo que basta con efectuar una ligera presión con un dedo en una de ellas para cambiarla de página. De ese modo España podrá ser desplazada sin esfuerzo a otro continente/página. Lo mismo ocurrirá con Venezuela. España pasaría a ser un país suramericano y Venezuela un país europeo. Sencillo. El orden geográfico del mundo sufriría una alteración insustancial, caprichosa, pero en España todo cambiaría.

Los españoles nos convertiríamos en adictos a las telenovelas. Es decir, en más adictos. Nuestra bandera ya no sería roja y gualda sino tricolor, a lo republicano y, por si fuera poco, seríamos bolivarianos. Tendríamos, como consuelo, enormes reservas petrolíferas, gas natural para vender y regalar y no poco oro. Pero además, nuestro país estaría lleno no solo de islas sino de islotes y cayos, lo que nos vendría muy bien para el fomento del turismo. Además, nuestro Estado no tendría tres poderes sino cinco. Eso sí, pasaríamos a estar gobernados por un señor con bigote (otro) que habla con acento suramericano (¿no nos ha pasado antes?), pero como nosotros ya seríamos suramericanos no notaríamos nada raro en ese acento.

¡Que no cunda el pánico! Eso no ocurrirá. Albert Rivera ya ha sido enviado a Venezuela con la doble misión de recabar información sobre los avances del plan de Podemos y sobre las posibilidades de que se convierta en realidad así como con la arriesgada tarea de abortarlo. Para ello, Rivera ha entrado en contacto con la oposición venezolana, contraria a los planes del actual presidente de la República Bolivariana, uno de los principales accionistas de Podemos, de cambiar de continente.

Con la ayuda de Rajoy, Rivera y Sánchez, pero sobre todo, gracias a la sensatez del pueblo español, España no será nunca Venezuela. Eso no ocurrirá porque los españoles no estamos dispuestos a que nos cambien de continente si ello conlleva tener que contemplar telenovelas y hablar con un acento que no es el nuestro, por muchos cayos y petróleo que nos den a cambio.

Los españoles no nos dejamos engañar con bonitas palabras, con promesas de un mundo mejor ni con espejismos caribeños. Nosotros nos aferramos a lo nuestro, a la corrupción de nuestros políticos de siempre, a la de nuestros partidos de toda la vida y a la de nuestro sistema. Nos equivocamos, tal vez, tampoco sería la primera vez, pero es lo nuestro. Les hemos tomado tanto cariño a nuestros recortes que incluso nos hemos convencido de que son buenos, de que vivir a gusto, con cierta holgura, sin privaciones ni penurias no es sano para nuestra vida moral y la otra, ¿a quien le importa?

Nuestras condiciones de vida actuales son inmejorables, el espectáculo de la pobreza que avanza atrapando a los más débiles, nos hace fuertes y nos convence de que existe un mundo más justo en el que finalmente, en función de los méritos personales, habrá unos pocos poseedores y una masa de desposeídos.

Hubo un tiempo, no tan lejano, en el que las cosas eran así, un tiempo en el que a nadie se le ocurría un plan para convertir a España en Venezuela.

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